CELEBRACIÓN DEL DÍA DE LA PAZ

1 Feb

 

Como  cada 30 de enero, celebramos el Día de la Paz en el cole. Realizamos un acto muy especial, tal y como venimos haciendo los últimos cuatro años: nuestro Mercadillo Solidario.

Una vez más, todos y todas hemos puesto mucho esfuerzo y afán por el trabajo bien hecho. Madres, padres, profesorado, niños y niñas y el resto de personal del Centro hemos participado elaborando productos o decorando, colocando, vendiendo, contando, organizando, recogiendo, donando o comprando. De alguna manera u otra, la comunidad escolar del CEIP Alfares al completo ha tomado parte de este Proyecto por la Paz que nos identifica y nos orgullece.
Según las primeras cuentas, la recaudación conseguida va en torno a los 1100 euros. CEAR será la organización que cuente este año con nuestra donación.
Os tendremos al tanto del recuento exacto, del momento en que vengan a recoger la donación y el destino del dinero.

 ¡¡GRACIAS POR VUESTRA PARTICIPACIÓN!!
Si quieres ver en un vídeo del Mercadillo, pincha encima de esta imagen:
https://www.youtube.com/watch?v=5KnWxJ6a0Yg
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Poema INSTRUCCIONES A MIS HIJOS Magdalena S. Blesa

8 Ene

Feliz vuelta al Cole después del ajetreo Navideño. Y ahí va un regalito, que deberíais escuchar con vuestr@s niñ@s.

Un Poema conmovedor y cargado de  sensibilidad.

La enfermedad de estar ocupados…

20 Dic

Somos un ejemplo para nuestr@s hij@s, no lo olvidemos nunca, y esta nueva enfermedad de “estar ocupad@s”es muy contagiosa.

Este puede ser el mejor regalo para ell@s. Felices fiestas a Tod@s¡¡¡¡¡¡

VIA mamanatural.tv

Tratemos de recordarnos, de vez en cuando, que lo contrario de estar ocupados es ser libres. Que no hay prisa, que la vida es hoy.

La enfermedad de estar ocupados… El tiempo parece cobrar una mayor velocidad a medida que vamos cumpliendo años, no tiene la misma dimensión a los 3 años, que a los 7, a los 15 o a los 21… cada vez va mas rápido y de pronto, nos vamos dando cuenta que en ese corto y veloz tiempo estamos ocupados, muy ocupados, tan ocupados con lo que tenemos enfrente que no tenemos tiempo para nadie ni para nada… y eso es una enfermedad.

Es como si estar ocupado se ha vuelto un estilo de vida, es necesario comunicar que tenemos “muchas cosas que hacer”, cosas que nos ocupan (aunque no necesariamente nos llenen). Solemos llenar nuestro plato igual que nuestra agenda y nuestra bandeja de entrada de correos (al tope).  Así, vamos por la semana haciendo malabares para acomodar las prioridades (sin hacerlo) y cumpliendo con aquello que “tenemos” que hacer, para luego quizá hacer lo que “deseamos” hacer y el tiempo al final resulta estar ocupado…

Los hábitos destructivos empiezan pronto, muy pronto. Este ritmo lo contagiamos a los niños, esos pequeños que nos observan todo el tiempo, que nos escuchan a través de nuestras acciones y que haceres para luego imitar (tristemente) todo…

¿En qué momento elegimos estar tan ocupados?, ¿Por qué nos hacemos esto a nosotros mismos?, ¿Por qué se lo hacemos a nuestros hijos?, ¿Cuándo se nos olvidó que somos “seres” humanos y no “haceres” humanos?… y ¿Porqué nos parece que estar ocupados es tan atractivo?… ¿Acaso no nos damos cuenta lo distractor que puede ser?

A los mismos niños los llenamos de tareas, de deberes, de responsabilidades, hasta se les organiza el juego y a las amistades para tener con quién y a qué jugar… no hay espacio para el aburrimiento, para el ocio creativo, para estar con uno mismo…

De pronto es como si usamos a las personas y amamos a las cosas, esas cosas que obtenemos a cambio de estar tan ocupados… y luego la prisa… eso que tanto nos apura, para llegar, para irnos, para en realidad evadirnos…

Sócrates dijo: “Una vida sin examen, no merece ser vivida.”¿CÓMO SE SUPONE QUE PODEMOS VIVIR, REFLEXIONAR, SER O CONVERTIRNOS EN HUMANOS COMPLETOS SI ESTAMOS CONSTANTEMENTE OCUPADOS?

Esta enfermedad de estar “ocupado” es intrínsecamente destructiva para nuestra salud y bienestar. Debilita la capacidad de concentrarnos completamente en quienes más queremos y nos separa de convertirnos en el tipo de sociedad que tan desesperadamente clamamos.

Desde los años 50 hemos tenido tantas innovaciones tecnológicas que prometían hacer nuestras vidas más fáciles, más rápidas, más sencillas. Aun así, hoy no tenemos más tiempo disponible que hace algunas décadas, al contrario, pareciera que la tecnología nos consume.

Dejaron de existir las divisiones entre trabajo y vida personal, entre tiempo disponible y tiempo privado. Estar conectados a un dispositivo electrónico parece que nos obliga a estar disponibles todo el tiempo. Todos están ocupados y preocupados, no hay tiempo… es una enfermedad.

En muchas culturas musulmanas, cuando quieres preguntarle a alguien qué tal le va, dices: en árabe, ¿Kayf haal-ik? o, en persa, ¿Haal-e shomaa chetoreh? ¿Cómo está tu haal?

¿Qué es ese haal por el que preguntas? Es una palabra para preguntar por el estado transitorio del corazón de uno. En realidad preguntamos “¿Cómo está tu corazón en este momento exacto, en este mismo suspiro? Cuando nosotros preguntamos “¿Qué tal estás?”, esto es exactamente lo que queremos saber de la otra persona.

Sería una historia completamente distinta si cuando alguien nos pregunta cómo estamos, o cuándo se lo preguntamos a otra persona, lo que realmente quisiéramos saber es “cómo estás en este preciso momento. Cuéntame. Dime que tu corazón está contento, dime que tu corazón está dolorido, que está triste y que necesita contacto humano. Examina tu propio corazón, explora tu alma y después cuéntame algo sobre ambos.”…

Ahora también nos volvemos multifunciones, hacemos muchas cosas al mismo tiempo, el multitasking… ¿una virtud o una maldición?, es que ya no ponemos atención, pasión y presencia a una sola cosa o persona a la ves… queremos acaparar tanto, que nos ocupamos, nos llenamos las capacidades, las facultades, hasta perderlas. Un estímulo o dos ya no son satisfactorios, necesitamos muchos a la vez para acaso estar medianamente bien… televisión y celular, celular y manejar, conversar y enviar mensajes, charlar en un altavoz y estar en la computadora… y de las personas ni hablar, no hay contacto visual, estamos ocupados.

Según el diccionario, ‘estar ocupado’ y ‘ocupar’ se definen como “llenar un espacio o tiempo”, y también “tomar posesión, apoderarse de algo, especialmente si se hace de forma violenta”. Así, podríamos decir que conquistamos nuestra vida a golpe de multitarea. Nos tomamos prisioneros, nosotros asumimos ese título como si de una honrosa corona se tratase. Tenemos demasiado que hacer, demasiados lugares a los que ir, demasiadas personas a las que atender. Tratamos de ganar tiempo restando atención. Y eso nos lleva a pasar de puntillas por casi todo lo que nos sucede, a rozar la superficie sin jamás llegar a la profundidad. En este proceso, nos olvidamos de la única persona con la que convivimos el cien por cien de nuestro tiempo: nosotros mismos y a los que amamos. Estamos demasiado ocupados con lo que sucede en el exterior para prestar tiempo a lo que pasa adentro.

Todos tenemos obligaciones y responsabilidades con las que cumplir, pero eso no tiene por qué ser incompatible con dejar espacio al silencio. El disfrute –propio y ajeno- no sólo está en la imagen perfecta, estática y retocada de instagram. Eso es sólo una ficción efímera que denota que a menudo, nuestra atención está más enfocada a los demás que en nosotros mismos. Nos construimos en la comparación. Y eso, tarde o temprano, termina por pasarnos factura.

Estar constantemente e imparablemente ocupados nos distrae de lo importante, nos desvía de lo que nos duele, enmascara el dolor, el miedo, la angustia, nos hace seguir un tren que poco tiene que ver con nuestros sentimientos.  Llenamos los días con planes, citas, llamadas…

Lo cierto es que cuando estamos ocupados, los pensamientos nos dan tregua. Nos sentimos útiles. Estamos haciendo cosas. La verdad es que, a menudo, preferimos estar ocupados a ser libres. Pero, ¿Desde cuándo estar ocupado es un sinónimo de éxito? Tal vez debamos redefinir la línea de meta. Si salimos de la vorágine, aunque sea solo por un momento, posiblemente nos demos cuenta de que estamos en la carrera equivocada. Eso no significa dejar de lado nuestras obligaciones, simplemente comprender que nuestra mayor responsabilidad es aprender a estar a gusto con nosotros mismos, sin estímulos que nos distraigan de nuestra realidad interior. Cultivar relaciones auténticas y satisfactorias no se logra a través de una pantalla.

El nivel de desgaste que llegamos a alcanzar en nombre de estar ocupado acaba repercutiendo en todos los ámbitos de nuestra vida. “Hoy no puedo”. “Necesito cancelar”. “Estoy complicado”  apenas y nos describe que “El que mucho abarca poco aprieta” o aquél de que “El que a dos amos sirve, con uno queda mal”… y vivimos al borde de quemarnos, de gastar toda nuestra energía, de abrumar nuestros propios pensamientos y olvidar nuestros sueños y anhelos. Tratemos de recordarnos, de vez en cuando, que  lo contrario de estar ocupados es ser libres.

Que no hay prisa, que la vida es hoy.

“Si no tienes libertad interior, ¿qué otra libertad esperas poder tener?” Arturo Graf

2ª ZAMBOMBÁ EN EL ALFARES

18 Dic

Se consolida esta actividad tan navideña y tan de nuestra tierra en el Alfares. Gracias a Francis por organizarla y gracias al AMPA por hacerse cargo del coste económico. Os esperamos el día 21 de diciembre en horario de 18 a 19:30 h.

Este año queremos aprovechar el encuentro para recaudar fondos para el colegio y poder mejorar las instalaciones del centro. Así que si quieres contribuir trae a la fiesta algo de merienda (bizcocho, mantecados, batidos,…) y lo pondremos a la venta a módicos precios para todos los asistentes. No faltes.

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La masculinidad re-pensada si eres mamá de varones

15 Dic

VÍA mamanatural.tv

Las mujeres que somos madres o que tenemos a cargo niños para cuidar y criar nos toca reflexionar sobre cómo nuestro ejemplo y discurso afectará para bien y para mal la vida y el desarrollo de esos niños. ¿Qué entendemos por portarse como hombre?, ¿Qué significa?

La masculinidad re-pensada… en estos tiempos en los que urge regresar la atención a la crianza positiva y desde la paz, en los que nos tenemos que re-plantear nuestra manera de educar a los niños porque las mujeres: niñas y adultas sufren una ola de violencia… comparto estas reflexiones…

Soy mamá de cuatro niños, de los cuales 3 son varones y una niña, mi mayor tiene 8años y el más pequeño 2. Antes de ser mamá, por alguna razón -de esas inexplicables-,  yo me visualizaba como mamá de “niñas” porque mi nula experiencia me hacía pensar que era “más fácil”…, ahora la vida me ha dado la oportunidad de aprender de tres maestros y junto con ellos la opción de re-descubrir y de re-pensar la masculinidad todos los días.

Como mamá de niños he observado y escuchado muchas veces las diferencias en el trato que se les da a los niños y a las niñas, y a pesar de que cada día es mayor la consciencia de respetar la igualdad de género, las diferencias entre sexos existen natural y culturalmente.

Para mi pesar, aún hay personas que les piden a los niños (por pequeños que sean), que se comporten “como hombres”, esas peticiones a menudo vienen de generaciones mayores (los abuelos por ejemplo, sin embargo; es verdad que también lo he visto en algunos padres) pero, ¿Qué entendemos por portarse como hombre?, ¿Qué significa?

Mientras crece la preocupación de que nuestras niñas son bombardeadas con mensajes que las hipersexualizan y las codifican conforme van creciendo, es decir; las vuelven objetos sexuales desde muchos puntos de vista, nuestros niños por su lado, reciben mensajes constantes de lo que es ser hombre, como por ejemplo: ser fuerte, ser físicamente corpulento o grande, ser reactivo o agresivo, “no dejarse”, “defenderse”, “no llorar”, no mostrar las emociones llorando o sintiéndose frustrado… y claro, llamar la atención del sexo opuesto para demostrar su “masculinidad”, si lo pensamos un poco mas…, esta manera de ciar (que las más de las veces nos toca a las madres), nos ha llevado a crecer y a crear hombres violentos sin que necesariamente hayan nacido así y eso no favorece nada nuestro mundo.

El ser humano nace empático, cariñoso, solidario, sensible, responsable y no-violento por naturaleza, sin importar si nace hombre o mujer. Por eso creo que es necesario re-pensar los conceptos que conforman la masculinidad, no solo porque los tiempos han cambiado y siguen cambiando constantemente respecto a los roles ya no tan tradicionales de hombres y mujeres, sino para que nuestros niños (futuros hombres) se sientan cómodos en su ser, en su sentir…, sin sentirse obligados a ciertos comportamientos o reacciones.

Algunas sugerencias para replantear la masculinidad o el “ser hombre” con nuestros hijos varones:
1. Reconoce la personalidad de tu hijo:
Los niños nacen con cierto temperamento o carácter (a nivel psicológico no sé cuál sea el término correcto),  pero cada niño tiene una manera de ser que le es orgánica. Es importante reconocer en ellos esa manera que los hace únicos y respetarlos así. No querer cambiar a nuestros hijos es importante para su desarrollo, porque se sentirán cómodos con quienes son y sus acciones y reacciones les serán propias y no aprendidas o guiadas. No inculques la violencia bajo ninguna circunstancia.
2. Sé o encuentra un modelo de referencia adecuado:
En tanto creemos que el adulto independiente y quizá hasta violento o agresivo en su trato es digno de admiración (porque sugiere una figura paterna fuerte), los niños tienden mas a admirar a las “personas” empáticas, responsables, cariñosas y que contribuyen a su comunidad. A los niños, como a cualquier persona les gusta ser “bien tratados” y los hombres adultos que muestran cariño y responsabilidad en relaciones saludables son modelos a seguir por los niños: hombres que son calificados de “buenos” son  modelos excelentes.

3. Reta el modelo de masculinidad que muestran los medios: 

Masculinidad no es igual a machismo,  al igual que con las niñas, es importante explicar a los niños que la imagen de “hombres” que vemos en el cine o la televisión no son modelos reales.

Que los hombres son seres humanos con sentimientos y emociones que pueden expresarse de muchas maneras y que no tiene que ver con ser fuerte o débil, pues sentir y expresar sentimientos es de humanos. Los hombres tienen, igual que las mujeres diferentes complexiones y estaturas y colores de piel, etc., y esa diversidad los distingue a unos de otros y los hace únicos.

4. Platica con ellos que ser masculino no es ser siempre el fuerte o abusar de nadie:

La masculinidad tradicional (culturalmente) mal aprendida por generaciones a menudo sugiere que el “hombre” no se deja o se defiende cuando es necesario, que rescata a las mujeres en problemas y que abusa, si puede del mas débil. Mientras el niño crezca consciente de que cada comportamiento tiene una consecuencia, será mas cauteloso de sus acciones y de sus reacciones y podrá elegir desde la consciencia el cómo defenderse de ciertas situaciones o salir airoso sin que necesariamente ejerza la fuerza o la violencia de por medio.

A mi hijo mayor le he enseñado que cuenta con el “poder de la palabra”, y que usarlo lo llevará siempre mas lejos de lo que cree…

Es importante que los niños comprendan desde muy pronto que violencia genera violencia.

5. Revisa con ellos que consideran ser masculino:

Los niños son niños, tienen comportamientos que caracterizan su género, en los medios impresos y electrónicos encontramos listas de esos comportamientos que incluso llevan a la edad adulta. La masculinidad no tiene que ver necesariamente con la violencia o la fuerza o la dominación. Enseña a tus niños que los estereotipos nos limitan en todo, no fomentes actividades y el uso de juguetes que sean solo de niños o solo de niñas solo porque a nosotros nos educaron así, considera que el niño aprende a través del juego y que muchas veces necesita experimentar y descubrir las cosas, para el niño los juguetes son juguetes, si un niño acaso se interesa por un juguete  rosa o por una muñeca, eso no lo hace menos hombre. No fomentes una cultura permisiva o sexista en la que “ser hombres” signifique hacer lo que sea…

6. Enséñalos a que el no ser violentos es una herramienta para acabar con la violencia:

En este punto cabe el decir que no solo se trata de no causar un problema sino también de evitar que suceda, es una responsabilidad compartida re-educarnos mutuamente respecto a los conceptos del feminismo y del machismo y entender que ningún extremo es bueno y que, incluso la equidad de género tiene sus límites naturales.

No les des pistolas de juguete o juguetes bélicos. Normaliza la violencia jugar a matar, porque con juguetes bélicos o pistolas de juguete, solo puedes jugar a matar a tu compañero de juegos o a que tu compañero de juegos te mate… y eso no puede y no debe ser normal. Claramente jugar con una pistola no te predispone a ser un homicida, pero normaliza algo en tu ser, algo fuera de lugar como la violencia… Jugar a cazar animales con un rifle, normaliza la violencia, ver, jugar y compartir videojuegos de guerra, de golpes, de matar… normalizan la violencia. No debe de ser. Lo que debe y tiene que prevalecer y ser NORMAL ES LA PAZ, NO LA VIOLENCIA.

Tengamos en cuenta que la crianza enfrenta todo el tiempo, en todos los tiempos, años y años de creencias sobre ciertos conceptos, romper con los paradigmas nunca será sencillo, pero nos toca a los padres tener una consciencia cierta de cómo podemos mejorar no solo la educación de nuestros hijos, sino mirarlos como nuestra aportación para mejorar el mundo en el que vivimos todos.

Al criar no debemos confundir con “someter o dominar”, porque caemos en el propio extremo que queremos evitar al educar niños varones, pero es importante enseñarlos a pensar, a replantearse las cosas, las actitudes, las reacciones, a permitirles “ser y existir” como niños que son con sus propias formas de ser y de reaccionar, sin que tengan que demostrar algún comportamiento particular para ser “más hombres”.

Las mujeres que somos madres o que tenemos a cargo niños para cuidar y criar nos toca reflexionar sobre cómo nuestro ejemplo y discurso afectará para bien y para mal la vida y el desarrollo de esos niños.

Los niños y las niñas son personas, merecen respeto, merecen ser orientados en la verdad y ser escuchados y tomados en cuenta. Los niños y las niñas necesitan ser acompañados en su crecimiento por adultos que crean en ellos y los vean en sus mejores posibilidades sin que con ello los hagan creer merecedores de todo, ni tampoco menos que nadie. Encontrar un equilibrio nunca será sencillo, pero es importante buscar y agotar las alternativas, las madres en nuestra palabra, en nuestro hacer diario transmitimos a los hijos información tácita que los moldeará a futuro en los hombres y mujeres que vayan a convertirse.

Pregúntate cuál es tu concepto de “masculinidad” y si acaso es lo que tu respetas, admiras y quieres de un hombre…, si es aceptable, congruente y suma al bienestar general adelante, si alguna respuesta es incómoda o te das cuenta de que necesitas cambiar tu propia concepción, hazlo. Los niños merecen sentir que pueden ser buenas personas, sensibles, tranquilos, empáticos y que eso no los hace más o menos hombres, los varones son hombres desde que nacen y eso no necesita ser destacado por ningún comportamiento ultra desarrollado.

Los niños y las niñas merecen y necesitan sentirse libres al ser, al sentir… repensemos la masculinidad y criemos mejores niños para tener mejores hombres.

Qué hacer en vez de obligar a los niños pequeños a pedir disculpas

11 Dic

VÍA crianza con apego y respetuosa

Texto de Michelle Woo traducido y adaptado al español para esta página

Cuando recorría diferentes preescolares para mi hija, visité uno donde pude observar a los niños jugando en el patio. Mientras subía por la escalera en el tobogán, un niño accidentalmente pisó el dedo de una niña y ella comenzó a llorar. Lo que pasó después me dejó asombrada.
El niño, que tenía 3 años, se acercó a la niña, la miró a los ojos y le preguntó: “¿Estás bien? ¿Puedo traerte una toalla húmeda?”
Ella se secó las lágrimas, negó con la cabeza y ambos volvieron a jugar.
Miré a la directora de preescolar, como diciendo, eh, ¿qué fue eso?
– No hacemos que los niños digan ‘lo siento’ – me explicó ella. La palabra no significa mucho sin una acción para ayudar a mejorar las cosas.
Fue muy diferente a lo que estaba acostumbrada a ver entre los padres, quienes tienden a forzar las disculpas de sus hijos por cada choque accidental, golpe, o derribo de una simple pieza de Lego. Por lo general, le dirigen una mirada dura al niño y le dicen: “Hey, ¿cómo se dice?”. Entonces, cuando el niño murmura un “perdón” robótico, ¡todo está bien! ¡Modales! ¡Les estamos enseñando!
Pero ese comportamiento podría casi no tener sentido, escribe Heather Shumaker en su libro titulado “Está bien no compartir y otras reglas renegadas para criar niños competentes y compasivos“.

A los niños les encanta la palabra “lo siento”, explica Shumaker, ya que mágicamente los libera del problema. “Es un poco como enseñar a los niños a ser conductores que atropellan y arrancan”, dice. El problema con la solución del “lo siento”, es que muchos niños pequeños, digamos en edad preescolar, no han alcanzado una etapa de desarrollo moral en la que realmente sean capaces de sentir arrepentimiento, por lo que los padres pierden una oportunidad clave para enseñar verdadera empatía.

Cada niño es diferentes – puedes tener un niño que madure antes – pero la mayoría de los niños simplemente carecen del desarrollo emocional y cognitivo para sentir remordimiento en etapa prescolar. El remordimiento requiere la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona y comprender completamente la causa y el efecto. Estas habilidades aún están surgiendo en niños pequeños. Esperar que digan “Lo siento” no les enseña nada más que una mala secuencia: patear, decir “Lo siento”, seguir. En cambio, los padres pueden ayudar a los niños a desarrollar compasión moral al explicar que sus acciones tienen consecuencias, mostrándoles que pueden hacer algo para mejorar las cosas y modelando formas de usar la palabra “lo siento” de forma significativa.
Para los accidentes del día a día, Shumaker ofrece estos pasos:
– Traer al niño cerca: A veces, cuando los niños creen que están en peligro, huyen, explica Shumaker. Si esto sucede, puedes rodear al niño con un brazo y decir algo como “Necesitas volver aquí. Callie se lastimó. Incluso si no quisiste hacerlo, se lastimó y tienes que volver”.
– Dígale al niño que causó el accidente lo que sucedió, y sea específico: Incluso cuando lo que sucedió parece obvio, es necesario aclararlo para un niño pequeño. Indique los hechos. “Tu carrito de compras pasó sobre su dedo del pie”. “Tu mano golpeó la taza de agua derramándola sobre su pintura”. “Estabas bailando y tu brazo le golpeó la cara”.
– Describe lo que ves: Examinar los hechos ayuda a los niños a desarrollar empatía. Enfatice las consecuencias de sus acciones para el otro niño (o adulto) y sea específico: “Mira, está llorando. Hay un arañazo en su brazo. Le debe doler”.
– Sea un modelo de empatía para el niño lastimado: Pregúntele al niño: “¿Estás bien?”

– Ayúdele a tomar acción: Mientras los niños pequeños no pueden entender completamente el remordimiento, son muy buenos para tomar acción. Pueden correr para agarrar un parche curita o una compresa de hielo, o ayudar a limpiar el desastre que hicieron. Ayúdalos a asumir la responsabilidad.

– Ser un ejemplo de alguien que se disculpa en su propia vida: Eventualmente, queremos que los niños aprendan a decir “lo siento”. Pero en lugar de obligarlos a decirlo, es más efectivo que les demos el ejemplo, diciendo “lo siento” cuando nosotros nos equivocamos. Solo asegúrate de que tus propias disculpas sean sinceras. Eso significa, reconocer las consecuencias de tus acciones y tomar medidas para mejorar las cosas. Por ejemplo: “Lo siento, olvidé traer tu oso de peluche a la escuela y lo extrañaste durante la siesta. Lo estoy anotando en mi lista, así que lo recordaré la próxima vez”.
Siguiendo estos consejos, pronto los niños dirán “lo siento” de forma espontánea, y lo dirán porque realmente lo sienten.

La participación de la familia, más allá del grupo de WhatsApp – El Diario de la Educación » El Diario de la Educación

9 Dic

Vía eldiariodelaeducacion.com

¿Cómo transformar la sociabilidad en participación y cómo lograr que esta sea eficaz? Distintos expertos y padres y madres nos explican cómo trabajar desde las asociaciones para sentir que ha merecido la pena.

Las madres y padres españoles son muy sociables, según el último informe PISA, que mide por primera vez esta variable. Los que más, junto con escoceses e irlandeses. Quienes más familias del cole conocen, más compañeros de sus hijos son capaces de nombrar y no tienen problema en dirigirse al equipo docente si tienen alguna duda (son, junto con los suecos, a quienes menos les cuesta hablar con los profesores del progreso de sus hijos).

¿Deriva esta mayor sociabilidad en un mayor grado de participación –que la OCDE considera un indicador de calidad– y de asociacionismo? Para Jordi Garreta, del Grup de Recerca Anàlisis Social i Educativa (GRASE) de la Universitat de Lleida, no necesariamente: “Una cosa es conocer a los demás… pero pensando en tu hijo, por saber con quién va, por enterarte de los deberes que tiene, en una relación más de grupo de WhatsApp, y otra, implicarse, tener unos intereses no solo individuales sino sociales, lo cual requiere participación”.

Garreta, que llevó a cabo en 2008 un estudio sobre las AMPA de la mano de CEAPA, define dos tipos de familias: con expectativas individuales (que a su hijo le vaya bien) y colectivas (que mejore la educación). Hay barreras para la participación –la no disponibilidad (59,6%), la falta de formación (58,1%), la incompatibilidad horaria (41%) o las dificultades por el nivel socioeconómico (20,4%)– pero, por encima de todas ellas, Garreta sitúa la actitud personal, el afán de trabajar por la escuela.

Participativos y ‘gorrones’

Las familias consultadas coincidieron mayoritariamente con dos afirmaciones; por un lado, en que “las asociaciones funcionan gracias a unos pocos que dedican parte de su tiempo a esta actividad de voluntariado” y, por otro, en que “el buen funcionamiento del AMPA favorece el buen funcionamiento escolar”. La coexistencia de ambas la explica, según Garreta, la convivencia de dos perfiles: “Los participantes en el AMPA suelen estar en otras asociaciones y entidades, son más activos socialmente. De hecho, está la idea de que son ‘siempre los mismos’, de que se ven las mismas caras en distintos lugares. Frente a estos, estarían los padres y madres gorrones, en terminología de Mariano Fernández Enguita, los que piensan: ‘Ya lo hacen otros, por qué lo voy a hacer yo’, los que se aprovechan de lo que otros hacen, los que solo si no hay nadie quizá dan el paso”.

Pero, para José Luis Pazos, expresidente de CEAPA, estos gorrones se equivocan. Recuerda un estudio piloto llevado a cabo hace una década por la FAPA Giner de los Ríos en una zona de Madrid: “Demostró que el abandono educativo temprano era de un 5% entre los hijos de padres y madres implicados. No quiere decir que la participación te blinde pero, por lo general, estás más al tanto de la educación de tus hijos, le concedes una importancia que estos notan, y tienes más interacción y más real con los docentes”, señala Pazos.

Esta comunicación más fluida es, para Garreta, una de las razones de ser de la existencia de las AMPA: “Aparte de prestar servicios (extraescolares, comedor, libros, jornadas…) son un canal clave de conexión familia-escuela”. Asegura que una de las grandes limitaciones a la participación es la concepción del AMPA como mera prestadora de servicios, con lo que los padres que no los necesiten ni se molestarán en pagar la cuota: “Esa visión se impuso durante años, pero con la crisis considero que se recuperó el carácter reivindicativo de los inicios, las AMPA se movieron para lograr recursos, para echar una mano a las familias del centro, para pedir mejoras en educación, para arreglar la escuela”.

Fue el caso del AMPA del CEIP Ramón Sainz de Varanda de Zaragoza. Su vocal, Miguel Ángel Sanz, 10 años en el AMPA, recuerda cómo la época de recortes la vivieron intensamente, “movilizándonos y movilizando a otras AMPA del barrio y de otros barrios en lucha contra esas medidas”. Para Sanz, una de las claves para contar con un AMPA potente está en la colaboración con el centro, que este tenga en cuenta los proyectos que surgen de las inquietudes de las familias, en un trabajo continuo pero al que van incorporando nuevos frentes. En la suya, acaban de crear una comisión de medio ambiente, y el curso pasado fue el de la reforma del patio, con todos los padres echando una mano en un proceso que está sirviendo ahora de guía a otras AMPA.

Frentes abiertos

La transformación del patio, pero también la lucha contra la construcción de los centros escolares por fasesla batalla por unos mejores comedores escolares, por facilitar el acceso a los libros de texto o el cuestionamiento de aspectos del sistema como los deberes o los tiempos escolares son solo algunas de las batallas de las AMPA. Pazos cita otras que nos recuerdan que para muchos la crisis aún no ha pasado: “En el instituto de mi hija, con el apoyo del equipo de profesores, se han puesto en marcha los desayunos gratis, porque había alumnos que acudían sin desayunar”.

Pazos, que entró en el mundo del asociacionismo en 2001 y, como prometió, dejó los puestos de responsabilidad cuando su hija pequeña cumplió 18 años, ha visto en este tiempo cómo el movimiento perdía fuelle. Algunas AMPA desaparecieron, algunas resurgieron con la crisis. Si hoy hay menos es porque, a su juicio, se topan contra “muros de piedra”.

“No son tantas como entonces, pero los padres y madres que se acercan están más preparados”, asevera Pazos, que entiende que, salvo en centros que siempre han sido muy participativos, hoy hay más rechazo a la implicación, también entre los profesores: “Por ejemplo, antes, con los exámenes en primaria, el niño lo llevaba a casa corregido y lo veías y lo firmabas. Ahora está prohibido sacarlos y los padres como mucho tienen derecho a una copia, nunca al original. Ha habido una involución en la participación conjunta en educación, y yo tengo la sensación de que ahora los sectores están más divididos”.

Según el estudio de Garreta, el 40% de los docentes consideraba la participación de las familias en los centros “suficiente”, siendo un 33% los que la tildaban de “insuficiente”. Por su parte, un 30% de las familias estaba muy o bastante de acuerdo en que hay resistencia entre el colectivo docente a que participen más en los centros.

Experiencias de éxito

No basta con ser sociables pero tampoco basta con participar. Según el informe del Consejo Escolar del Estado Las relaciones entre familia y escuela (2015), para que tengan éxito es clave que se considere a los padres y madres como iguales, valorando su contribución al proceso educativo, que el papel de la escuela sea proactivo y no reactivo, que se supere el enfoque tradicional en que solo participan algunos, que se dediquen esfuerzos a la formación y que se plantee la participación como una cuestión más de calidad que de cantidad, que se pase de muchas actividades inconexas sin planificación estratégica a una colaboración realista y flexible, capaz de perdurar.

“El equipo de maestros, cada vez que había consejo escolar o reuniones, se quejaba de que los niños no entendían lo que leían, de que los había que, siendo unos cracks en matemáticas, suspendían porque no interpretaban bien el enunciado”.

Un grupo de padres y madres, en colaboración con los directores e inspectores de la zona, el Ayuntamiento de Santa Lucía, que aportó subvenciones, y el gabinete psicopedagógico Activa Educa, que formó a maestros en paro para que pasaran a formar parte del proyecto, dieron forma a la solución: talleres que emplean a unas 20 personas en los que los niños de los 24 centros del municipio, de primaria y secundaria, aprenden jugando. Vega logró embarcar en esta iniciativa a todas las AMPA, que se han encargado de que las familias y los educadores que lo deseen se formen también.

Pública-concertada

Garreta, en su día, se centró en la pública. Ahora, desde hace dos meses, analiza también la privada y la concertada: “No podría ser concluyente, pero quizá en la pública el asociacionismo es más independiente, mientras que en la concertada hay más dirigismo”.

Según el presidente de CONCAPA, Pedro José Caballero, la labor que se desempeña desde las asociaciones del 28% de familias que engloban, en la concertada católica, es “representar a los padres en los consejos escolares autonómicos, municipales, de centro, en las comisiones municipales de absentismo, de acoso escolar, de abandono, de admisión de alumnos… en todos los sitios donde las administraciones educativas nos llamen y podamos participar”. “Un AMPA es un conjunto de familias que quiere lo mejor para sus hijos, que la educación que les llegue sea de la mayor calidad y en las mejores condiciones, da igual si estudian en un colegio público o en uno concertado”, zanja. “Y los retos son los mismos: lograr una mayor participación de las familias, en parte por las dificultades para conciliar vida laboral y familiar”, añade, y más cuanto más mayores son los hijos: “Si hasta los 12 años el 90% de las familias está ahí cuando se las necesita, a partir de 1º de ESO la implicación cae al 20%”.

Eli Miralles es secretaria en la asociación Nova AMPA Cos, de la escola Pedagogium Cos (concertada laica). Su visión va más allá: “Sin las AMPA dejamos a los niños en el cole, donde el docente da sus clases, y en casa repasamos. Con ellas nos conocemos mejor, los maestros y los padres coinciden en ámbitos no puramente docentes, colaboran en la educación, en las mejoras que haya que plantear… Todo es más sencillo, no hay ruptura”.

De dónde venimos

Rafael Feito es profesor de Sociología de la Complutense y ex padre implicado. Su tesis versó, precisamente, sobre la participación de las familias en los centros. Compara este movimiento con el vecinal: “En su momento, las AMPA tuvieron un papel tremendamente democratizador. Con la LODE (1985) y los consejos escolares, pero también antes, con los consejos de dirección que establecía la Ley General de Educación (1970), la presencia de los padres y madres arrojó luz sobre lo que estaba ocurriendo en los centros”.

Sin embargo, considera que parte de este entusiasmo se ha ido perdiendo, con las familias como “convidados de piedra” en unos consejos escolares sin capacidad resolutiva, a años luz del “control y gestión” del que se habla en la Constitución, y dedicados, en muchos casos, a organizar “la fiesta de la tortilla, el carnaval, el día de la bicicleta…”. Frente a esta concepción como “empresillas encargadas de organizar actividades extraescolares”, Feito aboga por retomar el esquema de participación real, para crear comunidad educativa, de sus orígenes: “Hoy, si quieres a 200 padres reunidos en un comedor, convoca una reunión sobre la jornada, no sobre el programa bilingüe o si las matemáticas que se imparten merecen la pena… Es un fiasco, aunque los elementos para que las cosas se hagan de otra manera están, y hay excepciones”.

Sin embargo, y pese al amplio margen de mejora, para María Ángeles Hernández Prados, de la Universidad de Murcia, que un centro se quede sin AMPA es una muy mala noticia. Para la profesora supone “un retroceso considerable en los derechos de la ciudadanía, un paso atrás en la democratización de los centros, la adopción de un modelo clientelar, una mayor segregación de los centros en función de las posibilidades de económicas de las familias en detrimento del derecho de todos a recibir una educación de calidad y una mercantilización de la educación”.

«Los padres no están para servir a sus hijos. No son sus súbditos»

5 Dic

VÍA abc.es

“Queremos que crezcan felices, de la infancia a la adolescencia», el nuevo libro de la psicóloga infantil Silvia Álava, llega a las librerías casi por petición popular

«Queremos que crezcan felices, de la infancia a la adolescencia», el nuevo libro de la psicóloga infantil Silvia Álava, llega a las librerías casi por petición popular. «Tras la publicación de “Queremos hijos felices”, muchos padres nos comentaron que querían saber cómo actuar con hijos más mayores. Por eso en esta nueva entrega hemos decidido centrarnos en el periodo que va comprendido entre los seis y los doce años». Así, a través de experiencias reales vistas en consulta, Álava va tratando todo aquello que causa dudas a la familia, y hace que los padres se sientan mal, fallen, pierdan la paciencia, griten o digan cosas de las que luego se arrepienten.

-Muchos padres de hoy se ven perdidos ante tanta información de cómo educar a sus hijos.

-Los padres de hoy lo tienen más difícil que nunca. Porque se les junta que es verdad que están muy preparados a nivel profesional pero luego tienen un nivel de exigencia altísimo. A los padres de hoy en día se les exige prácticamente que sean perfectos en todas las facetas de su vida, incluida la paternidad. Pero es que la sociedad también exige a los niños que sean perfectos. Los niños desde bien pequeños ya tienen que estar apuntados a idiomas, a algún deporte, sacar unas notas estupendísimas… Creo que debemos relajarnos, intentar disfrutar de la paternidad, y que los niños disfruten de la niñez. Los padres deben ya no solo trabajar ese sentimiento de culpabilidad, sino también que somos imperfectos. Deben asumirlo. Lo van a hacer lo mejor posible, pero nunca hay que buscar ser el padre perfecto, porque el padre perfecto y la madre perfecta no existen.

-Los niños de hoy, también parecen estar expuestos a demasiada información, y a un altísimo nivel de exigencia. Con cuatro años van a clases de chino, de equitación, de música, y de predeporte.

-Los niños necesitan tiempo para jugar, y también necesitan tiempo para aburrirse. Hay momentos y edades para todo. Pero incluso cuando son un poquito más mayores, que ya no estamos hablando de niños pequeños, a partir de los 6 años, también necesitan un “tiempo en blanco”, por así decirlo. Lo que no podemos pretender es que un niño tenga desde que se levanta hasta que se acuesta incluida toda la tarde completamente planificada de tal forma que no les sobra ningún minuto libre. Ese ritmo no hay quien lo aguante. Porque eso implica estar en una continua capacidad de atención, de organización, de planificación… no les das tiempo para distraerse un minuto con un muñeco. Los niños de hoy en día tienen que aprender a aburrirse.

Es genial aprender a aburrirse, aprender a estar con uno mismo… Si están todo el tiempo con un adulto que les guía, les planifica la tarea, no les dejas favorecer su autonomía, no les dejas generar recursos… No decimos que los niños no tengan que hacer actividades, pero sí que hay que reservar un tiempo libre para que estén ellos solos, que aprendan a entretenerse, que aprendan a aburrirse, y a generar una serie de competencias.

-Pero ahora todos los niños van a extraescolares. Parece que si no puede jugar en desventaja con otros niños de su entorno.

-Respecto a esto, es importante saber que cada niño tiene una velocidad de desarrollo. Y que no le podemos comparar ni con los amigos ni con los hermanos. Eso hay que asumirlo. A lo mejor el hijo del vecino tiene otra realidad, u otras competencias diferentes. Cada niño puede tener unos puntos en los que destaque, y esto no significa que sean ni mejores ni peores. Dentro de la familia, educar no es favorecer una competición para ver qué hijo es el mejor. Cada niño tiene que hacerlo lo mejor que pueda según sus posibilidades. Y nosotros tenemos la responsabilidad de reforzar según sus posibilidades, pero no se les puede exigir a todos los niños lo mismo. Eso es una faena. Porque hay algunos que pueden dar muchísimo y otros no te pueden dar todo. Y por supuesto no puedes compararle con amiguitos o vecinos…

-Muchas veces son ellos mismos los que a edades muy tempranas se miden con aquellos niños que les rodean de forma habitual.

-Sí. También ocurre. Pero muchas veces los niños no entienden que los chavales con los que tratan son mayores que ellos. Y un año en un pequeño de esas edades es muchísimo, es un mundo. Sobre todo porque maduran cognitivamente como a estirones. Igual que cuando crecen en altura. En este sentido a los 6 años hay un cambio muy importante, donde la función ejecutiva se empieza a regular. Entorno a los 8 o 9 años se produce otro cambio importante. De pronto se produce ese estirón y se ve todo de golpe. De la noche a la mañana no pero si de una semana a otra. No desesperemos. Cuando se trabaja con los niños determinados aspectos de su evolución y no vemos resultados no es que no se estén consiguiendo objetivos. Es que los niños necesitan un determinado periodo de tiempo para ir asimilando el aprendizaje.

-En el libro nos ofrecen un consejo muy básico, como es no poner etiquetas al niño. ¿Qué alternativas hay?

-El niño nunca va a funcionar bien con etiquetas. Una de las cosas en las que insistimos mucho es que en castellano existen dos verbos, ser y estar. Podemos decir “tú no eres malo; te estás portando mal, y en concreto hoy porque no has hecho los deberes, porque has gritado a tu hermano…”. Debemos especificar exactamente lo que está haciendo mal en ese momento.

¿Dónde está el límite para llevar al niño a una consulta en el psicólogo infantil?

-La consulta de psicología infantil se ha polarizado mucho. Vemos casos en los extremos, por así decirlo: Padres cuyos hijos no tienen ningún problema de salud mental, que no tienen ninguna patología ni nada clínico. Son historias que se valoran y a los que simplemente se les ayuda porque quieren aprender a hacerlo mejor. Quieren tener menos desgaste emocional en el día a día. O que ven que les está costando más toda la parte emocional del niño. O que quieren aprender sobre regulación emocional, y cómo afecta o cómo tolerar la frustración, cómo se autocontrola. No son en absoluto casos patológicos, pero que acuden a consulta porque quieren saber qué es lo que pueden hacer para mejorar. Por otro lado están los otros casos en el otro extremo, que son patologías más complicadas. Casualmente, son familias que tardan más en venir a consulta. Si que es verdad que se complica pero siempre hay un margen de reacción y un margen de mejoría, si no, no me dedicaría a esto en concreto.

-A su juicio, ¿en qué aspecto deberíamos trabajar sí o sí todas las familias?

-En inteligencia emocional (IE). Aunque de unos años a esta parte ya se empieza escuchar, sigue siendo un tema desconocido. Hay muchas teorías y modelos para trabajarla. A mí me gusta mucho el modelo de Salovey y Mayer, de la Universidad de Yale (EUA), que fueron los que propusieron el propio término de IE. Ellos proponen un modelo basado en cuatro habilidades: la percepción emocional, la comprensión emocional, la facilitación emocional y la regulación emocional.

Hay muchos estudios que relacionan precisamente la regulación emocional con un factor de predicción de éxito en la vida. Y también mucha gente que piensa erróneamente que las emociones hay que suprimirlas o hay que dejar de sentirlas, cuando eso es absolutamente imposible. Tu tienes una emoción y la vas a sentir irremediablemente.

Lo que hay que hacer es aprender a regularlas. Tenemos que entender que cuando afloran en determinados momentos, esas emociones van a facilitarme las cosas, y simplemente tengo que dejarlas que fluyan, porque son apropiadas para esa situación. Si me ha pasado algo puede ser normal que surja la tristeza, y me tengo que permitir mi ratito de estar triste. Pero si yo tengo que ir a dar una conferencia o hablar en público o tengo una reunión en el trabajo y me estoy poniendo nerviosa, eso tengo que aprender a regularlo. Porque ahí los nervios y la ansiedad no me aportan nada, no me ayudan, y me van interferir en mi desempeño.

Los niños también deben aprender a regular las emociones. Hay muchos padres que confunden regular las emociones con aceptar el estallido emocional. Si a determinada edad el niño se frustra por algo, y le permitimos una pataleta que no está ajustada a su edad, con un estallido de gritos y contestaciones, el niño volcará su frustración en los padres.

—¿Cuál debería ser la actitud de los padres ante una pataleta de un niño de 6 o más años?

—En ese momento no se puede dialogar, hay que decirle que se calme. El niño tiene que aprender a calmarse. El problema fundamental es que intentamos dialogar con los niños y hacerles razonar en el momento de estallido emocional, y entonces lo único que conseguimos es que la situación, por así decirlo, termine de explotar. Porque además, como padre o como madre, es muy difícil mantener la calma con un niño gritando. En ese momento hay que dejar que la situación pase, y será cuando el niño esté tranquilo, cuando realmente se pueda hablar y tratar de razonar con él. Al niño le ha podido sentar mal una cosa pero eso no le da derecho a volcar su frustración con la persona que tiene delante. Ya sea su padre, su madre o su hermano.

-¿Qué hacemos con un niño manipulador en casa?

-Los niños manipuladores tienen muy claro su objetivo y no les importa en un determinado momento darle la vuelta a la situación para salirse con la suya. Hay que tener cuidado con los niños que tienen esa tendencia a manipular y ven que la manipulación les sale bien, porque entonces lo van a seguir haciendo. El problema es que se ven muy reforzados, porque consiguen su objetivo. Pero cuando sean un poquito más mayores, o fuera de casa, se van a dar cuenta de que la manipulación no funciona.

Por eso nosotros insistimos tanto en el libro como en consulta que en casa se le puede querer mucho y permitirles todo, porque el amor hacia los hijos es incondicional, pero el problema es que esos niños luego tienen que salir a la sociedad y sus amigos y sus profesores no van a tener un amor incondicional hacia ellos. Los padres sí, y es genial que lo tengan porque además es su labor. Pero también lo es ayudarles a que sean capaces de regularse, de aprender unas básicas que luego le permitan ser feliz en el trabajo y en la vida.

-¿Cuáles son los síntomas más claros de baja tolerancia a la frustración?

-Cuando algo no les sale a la primera a estos niños, o no les sale como creen que les tendría que estar saliendo, entonces se enfadan, y tiran lo que están haciendo al suelo, o tachan, y borran el dibujo. Cuando son más mayores, abandonan y se van del juego. Además se crean ellos mismos una película mental que cada vez les va bloqueando más. Por eso es muy importante que trabajen la frustración. Porque con ella no se consigue nada en la vida. Y encima, les hace sentirse francamente mal, porque cada vez es más difícil conseguir resultados. Hay que entrenar a los niños en el esfuerzo y en la constancia y en que aprendan que es raro que las cosas nos salgan bien a la primera. Que lo normal es que todos tengamos que hacerlo varias veces antes de tener éxito. Ojo, que también hay que ajustar un poco los objetivos que les pedimos.

-Los niños se pelean. ¿Cómo podemos darles alternativas, sin intervenir?

-Lo ideal es que si tienen la misma edad, es decir, si es entre iguales, que aprendan a resolverlo entre ellos sin intervención de un adulto. Porque si intervenimos, no aprenden los recursos y la próxima vez no sabrán como solucionarlo porque pensarán que ya vendrá alguien a solucionárselo. Pero eso no quita para que una vez que ya ha pasado la pelea, hablemos sobre ello, y veamos qué pasó. Para que les preguntemos: ¿Qué es lo que tú sentías? ¿Qué es lo que sentía el otro niño? ¿Por qué discutíais? ¿Cómo se te ocurre a ti que podíais arreglarlo? Si vemos que una situación es muy repetitiva, podemos intentar ensayarla y llegar en común a una solución. Lo que en psicología llamamos «role-playing».

-Los niños de hoy tienen móvil cada vez antes. ¿Qué opina de esto? ¿Cuáles cree que deberían ser las normas en una familia?

-Es importante que quede claro que el móvil lo pagan los padres, y que los niños entiendan desde el primer momento que no tienen derecho al móvil. Que si nos cogemos la Ley de Derechos del Niño, en ninguno de los punto o cláusulas pone que los niños tengan derecho al móvil. El móvil se lo tienen que ganar. ¿Y cómo se lo tienen que ganar? Cada familia tiene que decidir cuáles son las cosas que hay que cumplir. Si los chavales tienen que haber hecho los deberes, que haber estudiado, haber recogido la casa, ayudado a poner la mesa, a hacer la cama… que no está mal que los niños ayuden en casa y que aprendan a ser cada vez más autónomos. La familia es un equipo donde todos tienen que hacer cosas. Papá y mamá no están para servir al niño. Están para darle su amor incondicional, pero no para ser sus súbditos.

¡Tus hijos siempre te están mirando!

4 Dic
VÍA mentesana.es
Y lo aprenden todo… Una bonita historia que nos recuerda que todos envejeceremos y que siempre seremos el principal ejemplo para nuestros hijos. Jorge Bucay
  • Hijos siempre nos miran

Siempre recuerdo el impacto emocional que sentí al entrar en aquella escuelita de un pequeño pueblo de Alemania, donde había sido invitado a compartir un espacio con mi amigo el actor Edgar Bürke y un grupo de jóvenes adolescentes.

La pancarta que colgaba del techo permanentemente estaba puesta de un modo que era imposible entrar en esa sala sin notar su presencia.

El texto, en grandes letras azules, exhibía una sola frase que me he vuelto a encontrar más tarde una veintena de veces en otros sitios, pero que, en ese momento, en ese lugar y quizás en ese idioma, no pretendía en absoluto un tono amable ni conciliador. Decía más o menos:

“Ten cuidado siempre… ¡tus hijos te están mirando!”.

Cuando compartí mi sensación con Edgar, él me contó esta historia que tanto tiene que ver con este tema, y que transcurre en una ciudad cualquiera, similar a esta en la que tú vives.

Un cuento sobre la anticipación

La historia habla de un anciano internado en un geriátrico, de su hijo, un importante directivo de una empresa multinacional, y de su nieto, un adorable muchacho que ama a su abuelo.

El relato comienza un día en el que el joven pasa por la oficina de su padre.La secretaria lo anuncia y lo hace pasar.

—¿Qué necesitas? —pregunta el padre, de un modo bastante hostil—. ¿Otra vez te has metido en problemas? Porque si estás aquí…

—Yo no necesito nada —contesta el joven, un poco desafiante—. Ya te he dicho que no pienso pedirte nada más si lo puedo evitar. El tema es el abuelo.

—¿Qué pasa con tu abuelo? Seguro que está bien; si no, ya me hubieran avisado.

—Te han llamado tres veces del geriátrico, pero no reciben respuesta. Les dicen que estás ocupado.

—Y es la verdad… Será alguna tontería. Le diré a mi secretaria que llame.

—Ya lo he averiguado yo —dice el joven—. El abuelo necesita que le mandes un pequeño calefactor, para su cuarto.

—¡¿Un calefactor?! —vocifera el hombre a gritos—. Con el calor que hace, por favor.

—He estado allí, papá… El lugar es bastante fresco y el abuelo pasa demasiado tiempo quieto. De todas maneras, es el abuelo quien dice que siente frío.

—Mira, yo no trabajo como trabajo para tirar el dinero —dice el padre—. Si necesita un calefactor, que se lo den en el geriátrico, que para eso me cobran cada mes la fortuna que me cobran…

Y si te parece que debes ocuparte de su temperatura, puedes comprarle al abuelo una manta con tu paga.

El joven sale de la oficina sin decir una palabra. Esa noche, cuando el padre llega a casa, ve al muchacho tendido en la sala con una manta extendida sobre la alfombra. Para su sorpresa, está cortándola por la mitad.

—¿Esta no será la manta que has comprado para tu abuelo? —le dice.

—Sí —contesta el joven, casi sin mirarlo.

—¿Y por qué la cortas por la mitad?

—Anticipación —contesta el joven.

—No te entiendo —dice el padre—. ¿Anticipación de qué?

—Sí —responde el joven, mientras sigue con su tarea—. Voy a llevar al geriátrico una mitad de la manta. La otra la guardaré para ti… para cuando tengas su edad.

Como digo, nuestros hijos nos miran y aprenden de lo que hacemos.

NIÑ@S HIPER REGALADOS

30 Nov

VÍA ¡NUEVA PÍLDORA! DE ALBERTO SOLER.

Si no os habíais fijado, os informo: queda justo un mes y cuatro días para Nochebuena. Y con la navidad tan cerca, es un momento perfecto para reflexionar sobre los niños y los regalos… ¿no pensáis también que nos estamos pasando? No quiero decir que no haya que hacer regalos por navidad, ni mucho menos, pero eso de inundar a los niños con tantas cosas puede no ser tan buena idea. Se acostumbran a lo material, lo exigen, cuanto más tienen, menos lo valoran… y nosotros acabamos creyendo que es una forma correcta de transmitirles nuestro afecto. Quizá nos estamos equivocando…

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