“Vamos con tantas prisas que nos perdemos muchos detalles de nuestros hijos”

11 May

La pedagoga Patricia Díaz-Caneja ha lanzado al mercado editorial ‘Un bosque tranquilo: Mindfulness para niños’ (Editorial Librería Argentina), un libro ilustrado por Marta Navalgar que es una apuesta por incorporar el Mindfulness o atención plena en las familias. En un mundo marcado por las prisas y la fugacidad, un hada explica a los animales del bosque cómo gestionar sus emociones, disfrutar el aquí y ahora y ser felices. En Madresfera Magazine no hemos querido dejar pasar la oportunidad de hablar con Patricia para profundizar más en un concepto, mindfullness, que aún nos sigue sonando a chino.

 patricia diaz-caneja

La primera pregunta es obligada: ¿Cómo explicarías qué es el mindfulness?

Mindfulness es prestar atención, de manera intencionada, al momento presente, al aquí y al ahora, con aceptación, sin juzgar, y con una actitud compasiva.  Es decir, es darnos cuenta de lo que estamos haciendo, de lo que estamos sintiendo, de lo que estamos pensando, en el momento en que todo esto está ocurriendo. Se trata de observar lo que ocurre dentro y fuera de nosotros, aceptando todo lo observado, nos guste o no nos guste. Si yo veo a una persona que no me cae bien, por ejemplo, y estoy presente en mí, me daré cuenta de que pienso “no tengo ganas de ver a tal persona”, pero acepto que tengo ese pensamiento tratando de no juzgarme, por ejemplo, diciéndome a mí mismo “vaya, soy una mala persona porque he pensado tal cosa”. Si yo voy caminando, dando un paseo, y estoy presente en mi, caminaré siendo consciente de mis sensaciones físicas, del aire en la cara, de los árboles que veo, de los sonidos que escucho, de mis emociones; de mis pensamientos. Seguramente me daré cuenta de que cada poco en mis pensamientos aparecen planes, agendas, citas, preocupaciones… cuando me doy cuenta de que estoy pensando en otras cosas diferentes al caminar, no me juzgo por ello, acepto que me he distraído y vuelvo una y otra vez al presente, al caminar en este caso.

Vivimos en un mundo marcado por las prisas y la permanente sensación de falta de tiempo. ¿Está afectando esto a la relación con nuestros hijos?

Definitivamente sí. Tenemos tantas cosas en la cabeza que estamos mucho tiempo en lo que se llama “el piloto automático”, y nos perdemos muchos detalles. Contamos un cuento a nuestros hijos con la cabeza en tal reunión o en tal cita; les peinamos con prisa, sin ser conscientes de la suavidad de su pelo, de su olor, de su color… Les despertamos por la mañana o les acostamos por la noche con cansancio o sin saborear cada instante. Esto es triste, pero hay momentos aún más preocupantes. Por ejemplo, vamos tan rápido que no nos damos cuenta de que nuestro hijo está triste, o de que se ha quedado sin amigos, o de que últimamente ya no habla tanto como antes. Esto afecta a la relación con los hijos, pero además les damos un modelo de relación desconectada que ellos van a incorporar, porque reproducimos el modelo que hemos vivido.

¿Cómo podemos mejorar esas relaciones? ¿Dónde está la clave?

La clave desde mi punto de vista está en pasar de lo que en Mindfulness se llama el modelo HACER al modelo SER. Hacemos cosas, constantemente, y SOMOS poco. SER significa estar presente. Sentirme. Es muy diferente contar un cuento porque lo tengo que hacer, aunque no me esté dando cuenta, que dedicar ese mismo tiempo a contar un cuento ESTANDO en el cuento. No es cuestión de tiempo, aunque así lo creamos. Se tarda lo mismo en contar un cuento planificando la compra, que en contarlo diciéndonos a nosotros mismos: “en los próximos 3 minutos, lo único que voy a hacer, en lo único que voy a pensar, es en contar este cuento a mi hijo. Me voy a centrar en las páginas, en las palabras, en las sensaciones que tengo al sentir a mi hijo a mi lado…”

Y otra clave está en bajar de la mente al cuerpo y al corazón. A mis sensaciones físicas y a mis emociones.   Hacemos demasiado caso a la mente, que tiene su papel, por supuesto, pero muy poco a nuestro corazón y a nuestro cuerpo. Y estos nos dan señales claves y fundamentales que no siempre somos capaces de ver o de escuchar.

un bosque tranquilo

Dices en el libro ‘Un bosque tranquilo’ que la clave del mindfulness es la respiración. ¿Cómo podemos conseguir que los niños, por lo general inquietos y rebosantes de energía, paren unos minutos para respirar?

La respiración es fundamental, porque nos permite parar y además relaja el cuerpo.

Y al contrario de lo que pensamos, no es tan difícil que los niños se paren a respirar. Por ejemplo, cuando estoy con niños, lo primero que hago es tocar un cuenco tibetano y decirles que cuando  suene, vamos a cerrar los ojos, nos vamos a poner las manos en la tripa, y simplemente vamos a respirar y a escucharlo.

También se juega usando priedritas o bolas de papel o de plastilina. Por ejemplo, se cogen 10, y vamos pasando de una en una las piedras de un montón a otro, de modo que al tomar aire cogemos la piedra, y al expulsarlo la dejamos.

Lo que es fundamental para ayudar a introducir el Mindfulness en los niños, es que quien lo facilite practique Mindfulnesstambién mientras lo está enseñando. El adulto ha de aceptar que a lo mejor el niño no respira como él. Que quizás se está moviendo. Que 2 minutos o 1 son suficientes al principio para algunos niños. Si obligamos, si forzamos, si nos enfadamos… no tiene sentido. Esto no es Mindfulness. Si nosotros nos sentimos frustrados porque no ha quedado la meditación como en la foto de las revistas, lo que tenemos que hacer es observar esa emoción, aceptarla, aceptar que ha ocurrido así, y seguir adelante.

¿Es importante empezar a implementar este tipo de hábitos desde pequeños?

Es importante, pero como decía antes, hay que aceptar el ritmo de cada uno y la motivación de cada uno. Y sobre todo, la práctica de los padres es el mejor modelo. No podemos caer en “enseñemos esto a los niños” si nosotros no lo estamos practicando.

“Contamos un cuento a nuestros hijos con la cabeza en tal reunión o en tal cita; les peinamos con prisa, sin ser conscientes de la suavidad de su pelo, de su olor, de su color…”

¿Qué beneficios aporta el mindfulness a quienes lo practican y consiguen establecer unas rutinas diarias?

Los beneficios tanto de la práctica de Mindfulness como de la meditación son enormes, y cuanto más se practica más se descubren. Quizás lo que primero se empieza a notar es que uno está más tranquilo, reacciona menos descontroladamente y responde más de un modo reflexivo y consciente. Uno deja de identificarse con sus pensamientos, con sus emociones o con sus sensaciones, toma distancia y acepta aquello que ocurre con más perspectiva. Se comienza a descubrir un amor enorme hacia uno mismo, porque se desarrolla la autocompasión. Sentir autocompasión implica comprendernos, perdonarnos, aceptarnos. Y cuando comenzamos a sentir esto hacia nosotros mismos, podemos sentirlo hacia los demás. Nos hacemos más flexibles porque aceptamos que no controlamos casi nada de nuestras vidas, dejamos de luchar contra lo que no podemos controlar, y redescubrimos una felicidad que está dentro de nosotros, sin causa justificada aparentemente, que siempre ha estado en nosotros pero que a menudo hemos olvidado. Además, reconocemos ser capaces de prestar más atención, más concentración, aumenta la creatividad. Se disfruta de la vida, desde la serenidad. Esto no quiere decir que uno no se enfade, no sienta tristeza, miedo… ¡por supuesto que los siente! Y no se trata de controlar las emociones, como a menudo se dice, sino de aceptarlas y por tanto comprenderlas y gestionarlas mejor.

En el libro recomiendas una serie de rutinas semanales para implantar el mindfulness en nuestras vidas. ¿Cómo animarías a la gente a llevarlas a cabo?

Animo a llevarlas a cabo desde el “experimento” y el “vamos a ver qué pasa”. Es decir, yo lo propondría como algo lúdico, no obligado, y tampoco buscando unos efectos. Me parece más interesante, y sobre todo más “mindfulness” aplicarlo desde el “vamos a probar esto a ver qué ocurre”. Esto en Mindfulness se llama Mente de principiante, e implica suspender juicios y expectativas, y probar. En definitiva, esto es la vida: ver qué nos trae cada día, con curiosidad y con apertura de mente y de corazón. Y por supuesto, desde la comprensión. Si un día no lo hacemos, está bien, no lo hemos hecho. Se acepta y se continúa. Siempre podemos comenzar a practicar Mindfulness, HOY, AHORA.

Si queremos hacerlo “para” prestar más atención, “para” ser más ordenado, “para” lo que sea, de algún modo ya vamos forzando y condicionando.

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