Serenarnos, recuperar nuestra integración y elegir bien

10 Nov

Rueda de la conciencia2

Son muchas las ocasiones en las que nos sentirnos cansados de repetir, frustrados al ver cómo nuestro hijo pasa delante de un juguete que está tirado y no se le ocurre agacharse a recogerlo, irritados de oírlos discutir por enésima vez en una misma mañana, enojados por ver que empieza a atardecer y todavía no sacamos ni un minuto para nosotros,… Sensaciones, imágenes y sentimientos que determinan nuestro estado de ánimo.

Sin embargo, cuando nos encontremos atascados en un estado de ánimo no deseado como los que acabo de describir, podemos dirigir la atención intencionadamente. Os dejo a continuación la manera de hacerlo.

Probemos a dejar la mente en blanco y pensar en:

– Algo que dijo nuestro hijo que fuera realmente adorable.

– Qué es lo que más nos gusta de ser padres.

– Cómo nos sentiríamos si no hubiésemos conseguido nuestra paternidad.

– Cuál es la camiseta favorita de nuestro hijo.

– Cómo fueron sus primeros patucos.

– ¿Podemos imaginarnos a nuestro hijo a los 18 años, con las maletas hechas y listo para marcharse a la universidad?

Si contestaste a las preguntas, seguramente te sientas distinto. A mi hasta me sale una sonrisa. Esto es debido a la visión de la mente:

    • Hemos visto aspectos de nuestra conciencia.
    • Tomamos conciencia de ello.
    • Hemos desplazado la atención hacia otros aspectos.
    • Y finalmente, hemos cambiando nuestro estado de ánimo.

Son muchas las veces que nos sentimos frustrados, enfadados y atascados en estos sentimientos, incapaces de afrontar la paternidad o maternidad con alegría y buen humor. Pero estamos de suerte, porque podemos cambiar nuestro centro de atención, para experimentar alegría, sólo con centrarnos en otro punto de la rueda que nos haga sentir mejor.

Tener esta visión de nuestra propia mente y ser consciente de esto, puede ser muy práctica en momentos de alto estrés paternal, para evitar dejarnos llevar y perder el control, evitar que la ira se apodere de nosotros, serenarnos, abrir nuestra perspectiva y darnos cuenta de que hay otros puntos donde fijar nuestra atención, recuperando la integridad que nos permiteelegir cómo responder a nuestro hijo.

Esto no significa que vayamos a pasar por alto una mala conducta. De hecho, uno de los aspectos que deberíamos integrar en nuestro aro es la necesidad de poner unos límites claros. Al integrar todos los sentimientos, estaremos más predispuestos a ejercer de padres como nos gustaría, aumentando las posibilidades de responder como queremos y no por una reacción inmediata provocada por culpa de la ira.

VÍA mistrucosparaeducar.com

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