Mamás y papás cansados…este vídeo os va a encantar…

21 May
¿Te has parado alguna vez a pensar cómo tus hijos ven un día o una tarde normal a tu lado?Me he encontrado con este vídeo por casualidad y me ha gustado mucho. Ilustra un día normal en la vida de una mamá y, posteriormente el mismo día… desde el punto de vista del niño. Voy a dejar aparte la polémica de que el vídeo tiene una imagen un poco machista, con una mamá que hace todo y un papá que sólo da el beso de buenas noches.  Creo que el vídeo puede ilustrar la realidad de cualquier mamá, papá, profesor, profesora, abuelo, abuela  que dedique gran parte de su día a uno o varios niños pequeños. Y creo que el mensaje final…merece mucho la pena.
Quizás nunca te hayas parado a pensar cómo tus hijos viven un día normal a tu lado. Pero creo que este vídeo te puede ayudar a recordar que todos los esfuerzos que hacemos a diario…merecen mucho la pena!! Estoy seguro que, por lo menos, a los ojos de tus hijos, nietos o alumnos esos momentos son únicos!!Por Álvaro Bilbao – Autor de “El cerebro del niño explicado a los padres“

Carta abierta de un profesor contra el ‘spinner’, la última moda en las aulas

19 May

No hay texto alternativo automático disponible.

VÍA FACEBOOK KONRAD VIC

El fin de curso del año 2017 ya pasará a la historia como aquel en el que los maestros intentaron dar clase mientras los niños daban vueltas y vueltas a su “spinner”, como si de un grupo de desintoxicación de alguna sustancia se tratase.
Aparentemente no tiene maldad ninguna y claro, cuando te dicen … ( voz de científico) “es un juguete creado para calmar la ansiedad en los niños hiperactivos”… pues uno piensa que si los prohíbe, quedará como un ogro insensible que no deja que los niños calmen su ansiedad.
La verdad es que desconocía que el 100% del alumnado de mi centro tuvieran problemas de ansiedad o hiperactividad, yo pensaba que solo había diagnosticados unos pocos y como todo el mundo sabe, cada caso es discutible.
Lo que si tengo claro es, que estamos ante la generación de la SOBRE ESTIMULACIÓN , del no permitir que el niño se aburra un instante, de niños que cuando comen en casa además escuchan música con sus cascos ,con la mano libre juegan con el móvil, todo ello frente de la televisión mientras su madre les pregunta… ¿Qué tal en la escuela? En un ejercicio de malabarismo mental que tengo mis dudas sobre si es bueno para el desarrollo de un menor, aunque cojonudo para el desarrollo económico de la última novedad viral.
Parece que además de tener una ansiedad irrefrenable, las nuevas generaciones son superdotadas, capaces de disfrutar de la buena música, giros y compases, mientras descubren la mejor forma de pasar al siguiente nivel del juego de turno, a la par que saborean e intuyen que en la comida de ese día había un ingrediente nuevo, mientras con el rabillo del ojo analizan en la tele la situación política del país, todo ello justo antes de elaborar un discurso propio con lo más destacado de lo vivido, sentido y aprendido, durante su mañana en el cole.
Really?
Hoy mis alumnos me preguntaban…
-¿Cómo eres tan creativo?
– Por que con vuestra edad cada vez que me aburría, no me ponían ningún aparatito en la mano. – Les he contestado.

Bien saben quiénes fueron mis compañeros y maestros que no había en el pueblo niño más nervioso que yo, cada mañana daba buena cuenta de uñas, lápices, bolis,… mientras con la pierna condenaba a mi compañero de al lado a un pequeño seísmo continuo.
Pero poco a poco empecé a focalizar mis nervios, empecé a dibujar para relajarme, a bailar o disfrutar la música que le robaba a mi hermana.
Ahora tengo claro que los grandes pensadores de la historia, Einstein, Newton, Steve Jobs, … o cualquiera de esas personas a las que admiramos, no son más listas que los demás, no tienen un cerebro superdotado, no son inalcanzables, es mucho más fácil.
Simplemente focalizaban mejor su atención, se concentraban en una única cosa hasta que lo terminaban, simple y llanamente , no se les iba el santo al cielo.

Por lo que me pregunto… ¿De verdad les estamos haciendo algún favor permitiendo que estén en mil cosas a la vez?

Creo sinceramente que deberíamos dejar de desarrollar el consumismo a costa de desarrollar la mente de las futuras generaciones .

“¿Cómo decido qué límites poner?”

14 Abr

VÍA crianza respetuosa y consciente

“En este blog se habla mucho de establecer límites, pero me cuesta mucho saber en qué situaciones ser firme y en cuáles no es tan importante y se puede ceder. No tengo problema cuando son cosas que afectan a la seguridad del niño o de los demás, pero cuando son otras cosas… Me siento perdida.”


Los límites son necesarios

Los límites, normas, reglas o como queramos llamarlos son importantes para la convivencia. Forman parte de la vida de todos y en su mayoría están más o menos consensuadas: no podemos apropiarnos de lo que no es nuestro, no podemos golpear a otros, no podemos fumar en hospitales o escuelas, no podemos conducir con exceso de velocidad o en estado de embriaguez, hay vagones de tren donde no podemos hablar en voz alta,… La mayoría de estas normas, o límites, están contempladas por ley y su incumplimiento tiene consecuencias legales (si te pillan). Vamos, que lo de las normas y los límites no es exclusivo de los niños. Desde luego mi vida está llena de límites, lo que pasa es que ya los conozco y los tengo asimilados y en general no necesito que nadie los establezca por mí. Pero mi hijo no los conoce y no los tiene asimilados aun, así que parte de mi trabajo como su madre consiste en ir enseñándoselos y si en un momento por lo que sea no es capaz de regirse por esa norma, mi papel será establecer el límite y asegurarme de que lo cumple.

Hace tiempo leí un símil que me ayudó mucho a entender lo beneficioso que son los límites en el desarrollo de los niños:

Imaginad que vais conduciendo por una carretera, de noche y lloviendo, y tenéis que cruzar un puente. Si la calzada no está pintada y bien delimitada, iremos tentativamente, despacio, temerosos de que en cualquier momento podamos caernos al río. Sin embargo, si la calzada está pintada y perfectamente delimitada, pasaremos con confianza y tranquilidad, sabiendo que si permanecemos dentro de esos límites no nos va a pasar nada.

Con los niños sucede lo mismo. Cuando los límites son claros y consistentes, los asimilan mejor y pueden centrarse en explorar, desarrollarse y aprender otras cosas.

El caso es que sabemos que los límites son importantes, pero también sabemos que el exceso de límites es perjudicial porque inhibe el desarrollo de los niños. Si los padres estamos continuamente con el NO en la boca, no les vamos a dar el espacio para crecer y explorar que necesitan. ¿Cómo decidimos dónde está el término medio? ¿cómo sabemos qué límites son importantes?

¿Qué límites son necesarios?

Yo creo que para esto de los límites no hay una única respuesta correcta. Va a depender de nosotros y de lo que para nosotros sea importante. Por ejemplo, habrá quien piense que “no meterse la arena de la playa en la boca” es un límite firme, y habrá quien piense que forma parte de la exploración y la diversión de ir a la playa. La higiene suele ser un límite firme, pero habrá quien entienda la higiene como un baño diario, quien lo entienda como un baño cada dos días, o quien lo entienda como lavarse las manos y la cara todos los días pero bañarse cada cuatro. No sé, es un poner. Y lo mismo para todo, tirar la comida, jugar con el agua, saltar en la cama. Cada familia tiene normas y límites distintos. Así que la pregunta es ¿para ti qué es importante? ¿qué normas son importantes para tu familia? porque ten en cuenta que tu hijo es un miembro de tu familia y que las normas que aprenda son para pertenecer a ella plenamente. 

Para mí, y seguramente para la inmensa mayoría de nosotros, el punto de partida sería la seguridad, no permitiendo conductas que le pongan en peligro. Pero esto es más subjetivo de lo que en principio podría parecer, porque cada uno de nosotros tenemos conceptos de riesgo diferentes. Si nuestro concepto de seguridad consiste en que no se haga daño en absoluto, vamos a tener que establecer muchísimos límites en torno a su exploración y a su aprendizaje. Si por el contrario nuestro concepto de seguridad consiste en permitir las conductas con las que puedan hacerse un daño limitado, básicamente poniendo el límite en aquello que pueda llevarnos al hospital o causar un daño catastrófico, habrá menos límites que establecer. Así que ya vemos que incluso en algo tan consensuado como la seguridad podemos encontrar matices.

También creo que es importante partir de ciertos conocimientos de desarrollo infantil a la hora de decidir qué permitir y qué no. Por ejemplo, nos puede parecer peligroso que salten en el sofá, pero limitarse a prohibirles que lo hagan no tendría en cuenta la importancia de esa necesidad de saltar dentro de su proceso de desarrollo. Si somos conscientes de eso en lugar de prohibirlo sin más buscaríamos la manera de permitirlo pero de una manera que nos pareciera más apropiada. Y con eso estaríamos encontrando el término medio. En lugar de simplemente “En el sofá no se salta. ¿Quieres bajar tú o prefieres que te baje yo?” sin más, sería “Espera, vamos a apartar la mesa y a poner unos cojines si queréis saltar” o si directamente es que no quieres que salten en el sofá porque no quieres que se estropee sería “No puedo dejar que saltes en el sofá porque se estropea, en lugar de eso vamos a poner un colchón en el suelo” por ejemplo, o cualquier otra opción que te parezca apropiada.

El respeto a uno mismo, y a los demás, es otro básico en el que todos estamos, o deberíamos estar, de acuerdo. Por ejemplo, en la biblioteca no se grita por respeto a quienes están allí. Eso es una norma de convivencia. Le explico la norma a mi hijo que resulta que se ha enfadado porque otro niño ha tomado un libro que acababa de dejar. Mi deber es asegurarme que mi hijo aprende las normas se convivencia e intentar en la mejor de mis habilidades que las cumpla por respeto a sí mismo o, como en este caso, a los demás. Así que para no molestar, lo tomo en brazos y lo saco de la biblioteca hasta que se calme y podamos volver a entrar. Aquí entraría de nuevo el factor conocimiento sobre desarrollo infantil para poder decidir por ejemplo que hay ciertas actividades para las que nuestro peque puede no estar preparado aun, o para saber cómo actuar ante comportamientos que rompen esta norma pero que son totalmente normales para su edad y nivel de desarrollo como pegar o morder. 

Y a veces podemos encontrarnos que ciertos límites entran en conflicto, por ejemplo creo ciegamente que un niño tiene derecho a establecer límites en torno a su cuerpo, y decidir por ejemplo sobre cuánto comer, a quien besar o incluso si quiere llevar abrigo o no. Pero en situaciones de emergencia o de salud ese derecho suyo a establecer límites en torno a su cuerpo entra en conflicto con nuestra obligación a establecer límites en torno a su salud. Mi hijo puede decidir si quiere llevar abrigo o no, pero si hace -2ºC y no se quiere poner abrigo, yo puedo establecer el límite de “sin abrigo no salimos a la calle” y a partir de ahí que decida si salir con abrigo o quedarse en casa (aunque la verdad, lo más práctico es llevar el abrigo en el bolso y esperar a que me lo pida, porque si no lo convierto en una lucha de poder, en cuanto tenga frío me lo va a pedir). Igualmente puede que para nosotros sea muy importante respetar su autonomía corporal y permitir que establezca límites en torno a quien puede tocarle y donde, no obligarle a besar o a abrazar, no hacerle cosquillas o parar inmediatamente cuando lo dice… Pero si por una cuestión de salud necesitamos inmovilizarle para algún procedimiento médico o para administrarle un medicamento, pues habrá que hacerlo sin más. Intentaremos primero buscar la manera de que colabore, pero si no lo conseguimos no nos quedará otra que hacerlo a la fuerza, pero tomar un medicamento que necesita para su salud sería un límite firme.

Fuera de estos tres básicos, una cosa que me suele ayudar a decidir si debería establecer un límite en torno a algo es fijarme si me está molestando. Si veo que me está removiendo y que me estoy empezando a enfadar es el momento de analizar de donde viene ese mosqueo. Necesito asegurarme de que ese mosqueo está relacionado con lo que está haciendo el niño realmente, porque a veces, más de las que nos creemos, tiene más que ver con nosotros y con como nos sentimos o incluso con como reaccionaban nuestros padres ante ese mismo comportamiento. Hay veces que por ejemplo nos vemos impulsados a establecer un límite porque hemos tenido un mal día, y algo que normalmente permitimos hoy reaccionamos mal, o tal vez nos sentimos empujados a establecerlo porque hay otro adulto mirando y nos sentimos juzgados. Este tipo de cosas no tiene en realidad nada que ver ni con el niño ni con el comportamiento, y todo que ver con nosotros, así que ser conscientes de esto nos puede ayudar a decidir de una manera más justa qué límites establecer. Por otro lado es posible que me de cuenta de que establecer ese límite es algo importante para mí aunque no lo hubiera pensado en un principio. En general, cuando siento que algo me empieza a molestar suele ser señal de que necesito establecer el límite, puede ser un límite firme que se convierta en norma de una forma permanente, por ejemplo durante mucho tiempo mi hijo nos tocaba los codos para relajarse y dormirse, al principio lo aguantaba más o menos bien pero después empezó a resultarme cada vez más y más desagradable, hasta el punto de resultarme insoportable, así que establecí el límite firme “el codo de mami no se toca“.  Por otro lado puede que sea un límite temporal, si por ejemplo su padre se encuentra mal y está descansando puedo pedirle que no juegue con cosas que haga ruido, y podría incluso retirárselos ese día o pedirle que juegue sólo sobre la alfombra de forma que amortigüe el ruido. Pero en general siempre, siempre es preferible establecer un límite de forma razonable y razonada cuando EMPEZAMOS a notar que nos molesta, que aguantar sin decir nada hasta que no podemos más y EXPLOTAMOS.

En resumen, mi lema para los límites es salud, seguridad, y respeto a sí mismo, a las personas que le rodean y a los objetos que no son de su propiedad como básico. Y a partir de ahí, lo que cada familia decida procurando siempre tener en cuenta las necesidades de desarrollo del niño.

¿Dónde está la línea que separa lo que es el apego de la sobreprotección?

11 Abr

vía Píldoras de Psicología

Hay algunas conductas relacionadas con la crianza de los hijos que a veces se asocian a la sobreprotección por parte de sus padres: la lactancia prolongada, el colecho, coger con frecuencia al bebé en brazos, no dejarle llorar, atender rápidamente a sus necesidades… ¿Qué hay de cierto en esto? En la píldora de esta semana voy a reflexionar sobre este tema, y vamos a ver como el afecto hacia un hijo, el responder de manera rápida a sus necesidades, nunca va a suponer un problema para éste. Pero conforme el niño crece, los padres debemos ser capaces de adaptarnos a sus necesidades cambiantes: no es lo mismo lo que necesita un bebé de 4 meses que un niño de 4 años. Y tampoco son los mismos sus recursos o capacidades.

¿Por qué los castigos a niños no sirven para nada?

6 Abr

VÍA abc.es

Entrevista con Olga Carmona, psicóloga clínica experta en Psicopatología Infantojuvenil y en Neuropsicología de la Educación, así como en atención psicoeducativa en niños con altas capacidades.

Con la educación se pretende crear personas empáticas y respetuosas, no sumisas y resentidasCon la educación se pretende crear personas empáticas y respetuosas, no sumisas y resentidas

Hace 50 años se castigaba mirando contra la pared, con orejas de burro o incluso sosteniendo libros en cada brazo. De un tiempo a esta parte la moda es obligar al niño a sentarse a pensar. ¿Ha cambiado mucho el cuento?

En la filosofía de base no, en la forma afortunadamente sí. Nuestra sociedad evoluciona hacia leyes más civilizadas, democráticas y respetuosas con los derechos humanos y hoy por hoy, muchas formas de castigo que se usaban antes serían constitutivas de delito. Sin embargo, las sociedades cambian antes sus leyes que sus mentalidades. Hacen falta varias generaciones para erradicar una forma de pensamiento. Hoy se utilizan formas de castigo menos aversivas pero cuya base de que el castigo es educativo, que el adulto es superior, que el castigo transmite autoridad, que la disciplina sólo puede conseguirse a través de éste y que si no sometemos convenientemente a los niños, serán sujetos desadaptados y peligrosos. Creencias que dibujan el perfil de una sociedad profundamente adultocentrista, que lleva siglos instalada en el paradigma del premio y el castigo como únicos vehículos de aprendizaje y cambio.

¿Qué le parece la silla o el rincón de pensar?

Es una técnica punitiva, se trata de una expulsión o aislamiento del niño sin dotarle de ningún tipo de herramienta para que aprenda a gestionar el conflicto. Un niño no sabe pensar si no es guiado y acompañado con un adulto y desde luego, nadie puede pensar inundado de ira o de frustración. Es un castigo maquillado que no aporta absolutamente nada. Aislar e ignorar física y afectivamente a un niño no educa. Por el contrario, contenerle, ayudarle a calmarse (respiración, frasco de la calma, un cojín preferido, un abrazo si se deja, un cuantas carreras…), para después guiarle hacia una reflexión sobre lo ocurrido y tratar conjuntamente de encontrar una mejor manera de hacer las cosas, sí educa. Porque no se trata sólo de decirle lo que no es correcto, sino de mostrarle caminos alternativos al mal comportamiento. Incluso pueden utilizarse recursos como teatralizar la situación con las nuevas estrategias para que “ensaye” su puesta en marcha, o darle al botón imaginario del retroceso para tener la oportunidad de esta vez, hacerlo bien. Ellos necesitan saber cómo y es nuestra responsabilidad ayudarles. No expulsarles.

Hacerlo como usted indica, ¿qué aporta en ese niño?

Conseguir personas empáticas, respetuosas y capaces de gestionar los conflictos, a no ser personas sumisas y resentidas incapaces de conectarse con sus propias emociones y mucho menos con las de los otros. Uno no puede dar lo que no tiene y no puede ofrecer lo que no sabe.

Deme argumentos para no castigar a un niño de infantil y/o primaria

El primero y más esencial de todos es por razones éticas universales: cuando castigamos a un niño pequeño atentamos contra su dignidad como persona. Los castigos, sean de la índole que sean, tienen un componente de sometimiento y humillación. Se impone por la fuerza la voluntad de un ser humano sobre otro, que es, además, más débil.

Pero es que, además está suficientemente demostrado que el castigo no modifica la conducta a largo plazo, no educa, deteriora el vínculo entre el niño y el adulto, genera resentimiento, conductas evitativas, y violencia. Fragiliza una autoestima en construcción, genera ansiedad y miedo, y perpetúa el modelo anacrónico, simplista e ineficaz de educación que ya no defenderían ni los conductistas más radicales. Se trata de un modelo aprendizaje que corresponde al siglo pasado y experimentado inicialmente con animales, para generalizarlo después al comportamiento humano.

Muchos lo defienden porque así el niño deja de hacer aquello por lo que se le castiga…

Pero no porque realmente haya interiorizado las razones por las cuales no debe hacerlo, sino por miedo y por evitar el castigo. Luego el castigo no produce un aprendizaje de los valores que pretendemos inculcar. Es una enorme paradoja, porque cuando se les pregunta a los padres qué quieren para sus hijos, la mayoría responde que sean buenas personas y que sean felices.

Y castigando, ¿no se consigue?

Queremos educar personas con criterio, con valores, empáticas y respetuosas, capaces de defender su espacio sin invadir el de los otros. Esto sólo se consigue cuando la motivación es intrínseca, es decir, cuando hacemos las cosas porque creemos que deben ser hechas, no porque temamos las consecuencias externas. Se trata de construir cimientos sólidos desde dentro, no convertir a nuestros hijos en marionetas manejadas por la aprobación o desaprobación del entorno.

Un niño de 3 años no quiere dormir la siesta en el colegio y por ello molesta a los demás. ¿Sugiere castigo ejemplar o llevárselo a otra parte?

Sugiero revisar la competencia académica y profesional de una profesora que castiga a un niño de 3 años, haga lo que haga. Si no encuentra más alternativas que el castigo, entonces probablemente no merece ocupar semejante responsabilidad. Sugiero respetar la decisión del niño de no dormir y ofrecerle opciones de acuerdo a su edad que equilibren el descanso de los otros y su no necesidad de hacerlo. Lo que desde luego no es admisible es que el niño se convierta en el chivo expiatorio de la incompetencia de algunos profesores y de un sistema que premia el comportamiento de la mayoría y castiga a los que no quieren o no pueden engrosar la media estadística. Estamos educando, no adiestrando.

¿Sirve de algo castigar? ¿Aunque ese algo sea negativo?

Para deteriorar la relación entre el adulto y el niño, para aprender a someterse a alguien con más poder, para introyectar que el error es malo, para conectarles con el resentimiento, para no gestionar las verdaderas razones por las que se han comportado mal y para empezar a normalizar la violencia y las relaciones de poder como la manera natural de relacionarse.

Persiste el pensamiento colectivo que asegura que si no hay disciplina estamos convirtiendo a los niños en unos tiranos. ¿Es eso cierto?

El camino más rápido para convertir a un niño en tirano es sometiéndole y humillándole. La historia es contundente ilustrándonos con montones de ejemplos de niños que fueron educados de forma rígida y punitiva. Hitler es uno de ellos.

No castigar a un niño no significa no educarlo. Hablamos de educar desde una óptica que respeta su dignidad, pero que pone límites. Autoritarismo no es lo mismo que autoridad. El autoritarismo es abuso de poder mientras que la autoridad se gana, desde la integridad y la coherencia.

Ahora bien, si convenimos en que disciplina es que un niño obedezca a lo que se le ordena, que haga todo aquello que esperamos de él, que no cometa errores, que nunca se comporte mal, que cumpla en definitiva con las expectativas que los adultos le hemos puesto en la espalda y en el alma, entonces hablamos de sumisión y de despersonalización, no de adaptación.

¿Por qué los niños de infantil siempre tienen ganas de aprender y según van cumpliendo años hasta llegar a secundaria se van cayendo en el interés llegando al fracaso escolar?

El niño es un ser inteligente y curioso con una tendencia innata a experimentar y a tratar de comprender lo que le rodea, gracias a eso hemos sobrevivido como especie. La escuela actual es un producto decimonónico, escasamente revisado, anclado en un pensamiento encorsetado y fijo que prioriza el resultado antes que el proceso, que penaliza la creatividad y el error y que no respeta la individualidad y modo de aprendizaje de cada niño.

La escuela de hoy (con escasas y benditas excepciones) consiste en una repetición absurda de datos, la mayoría de poca o ninguna utilidad práctica que encorseta a todos los niños como si fueran iguales, que penaliza el error y que castra o ignora la creatividad vivenciándola como molesta o excéntrica. Cuando los niños, especialmente los más inteligentes, lo perciben, se desmotivan. Y lo que es peor, pierden el interés por aprender, lo que a mi modo de ver y entender la infancia, es una castración en toda regla.

¿Alguna sugerencia para sobrellevar al niño díscolo de la clase?

La única manera es a través del vínculo, ofreciéndole formar parte de los acuerdos, dándole responsabilidad y dejándole que experimente las consecuencias de un mal comportamiento, que no es lo mismo que un castigo.

¿El conductismo es el rey? ¿Por qué?

Porque es efectista, es decir, produce resultados inmediatos y eso nos tranquiliza mucho. Pero se queda en la superficie puesto que es un modelo que procede el aprendizaje animal y no contempla elementos cognitivos ni emocionales que son, en definitiva, lo que somos.

¿Cómo es el aula de infantil perfecta?

Sería el hogar de cada niño con un adulto de referencia con atención exclusiva. Como eso es difícil, lo mejor sería una que tuviera pocos o muy pocos niños, lo menos directiva posible, que permitiera la experimentación y la creatividad sin juicios, que tuviera al frente a los profesionales más y mejor preparados con conciencia plena de tener en sus manos la etapa más crítica del desarrollo de un ser humano, que favoreciera la educación emocional y la autoestima en lugar de los contenidos académicos, que utilizara el juego y solo el juego para transmitir el gusto por aprender, que incorporase el error como parte esencial de cualquier aprendizaje, que respetase los ritmos evolutivos de cada niño sin forzar etapas, y desde luego, sin sillas de pensar, sino con rincones de la tranquilidad y espacios para la negociación y el acuerdo. Y esto que acabo de describir existe, no es utopía. Se trata de querer y de entender la educación cambiando el paradigma hacia otro donde el niño es el protagonista pleno en derechos y dignidad, y el material humano más delicado y precioso con el que cuenta una sociedad. Cualquier posibilidad de cambio hacia sociedades menos violentas y más empáticas pasan por un cambio en la manera de educar. Nos jugamos todo en la infancia

 

“La poca tolerancia a la frustración es más de los padres que de los hijos”

3 Abr

VÍA elpais.com

Los padres tenemos cada día más información sobre la educación de nuestros hijos, pero también recibimos mensajes contradictorios que nos hacen experimentar cierto temor

Alberto Soler Sarrió, psicólogo y autor del vídeoblog Píldoras de psicología.

Alberto Soler Sarrió, psicólogo y autor del vídeoblog Píldoras de psicología

¿Es bueno que mis hijos se frustren o no? ¿Tengo que poner límites a todo? ¿Es más importante que pase mucho tiempo con mis hijos o que este sea de calidad? Los padres de hoy tenemos cada día más información sobre la educación de nuestros hijos, pero también recibimos más mensajes contradictorios y que nos hacen experimentar cierto temor por nuestras decisiones. Alberto Soler Sarrió, psicólogo y autor del vídeoblog Píldoras de psicología, responde a algunas de las dudas más frecuentes de los padres respecto a la crianza de sus hijos.

PREGUNTA: Libros, vídeos, webs, blogs... Parece que los contenidos relacionados con la crianza y la educación interesan cada vez más. ¿Crees que somos padres más comprometidos o simplemente tenemos más acceso a más información?

RESPUESTA: Creo que las dos cosas no son incompatibles. Quizás hoy sí que le estamos dando más importancia a cómo hacer las cosas, pero se la damos gracias a que tenemos más acceso a la información. Hace años, a la generación de nuestros padres o de nuestros abuelos no es que les importara menos, sino que las cosas se hacían de una manera y punto y no se cuestionaban otras cosas. Por suerte cada vez hay más investigación, evolucionan la psicología y la pedagogía, y aspectos que antes la intuición hacía pensar que eran positivos hoy se demuestran que no lo son tanto. Todo eso genera un cuerpo de conocimiento que al juntarlo con la motivación de los padres hace que cada vez estemos un poco más implicados.

P. ¿Hasta qué punto es importante esa sobre información?

R. No me gusta que se trate de una manera paternalista a los padres, diciendo “tú no busques información, tú no te informes, tú fíate de lo que yo te digo”. Luego nos queremos comprar un smartphone y dedicamos días a buscar información, a comparar modelos… Pero sí te pasas esos mismos días buscando información de colegios, sobre crianza, sobre la alimentación de los hijos, quizás te estás pasando de la raya y te estás obsesionando mucho. La información es muy importante y cuanta más mejor, sobre todo para temas que pueden tener consecuencias serias.

P. Muchas veces da la sensación de que parte de esa información también mete mucho miedo a los padres, que si no lo hacen de tal o cual forma el futuro de sus hijos va a ser catastrófico. ¿No se juega mucho con el miedo?

R. En ese sentido a mí siempre me gusta tranquilizar. Si tú duermes o no con tus hijos no lo haces para que tu hijo sea más guapo o más inteligente, sino porque todos estáis a gusto así. Puede que haya algo que en función de cada contexto pueda estar más recomendado, pero hacerlo o no hacerlo no va a tener consecuencias catastróficas para tus hijos.

P. Uno de esos miedos es el de los límites, que si no les ponemos a todo parece que vamos a crear unos hijos anárquicos…

R. Es que es así, tenemos miedo. Parece que si no haces las cosas de determinada manera va a ser una catástrofe y el niño va a acabar siendo uno de los que salen en ‘Hermano mayor’. Y no es así. En la calle lo que se asocia con consecuencias negativas en la adolescencia es una crianza permisiva, con la que tampoco estoy de acuerdo porque es negativa. Sin embargo, la evidencia lo que demuestra es que las peores consecuencias en la adolescencia vienen de estilos de crianza más autoritarios. Al final, por muy negligente que seas, si quieres mantener a tu hijo con vida los niños tienen per se muchos más límites de los que a ellos les gustaría soportar. Hay cosas que hay que imponer, como “por la ventana no saltas y punto” o “el semáforo se cruza en verde y punto”. Lo que yo siempre defiendo es que cada familia, con las cosas que son secundarias, que no están directamente relacionadas con la seguridad, la integridad o el respeto hacia los demás, decida qué valores son importantes: para unas puede ser la nutrición, para otra las buenas formas… Si intentamos poner límites a todo se vuelve un imposible, una mala leche constante.

P. Los límites también están muy relacionados con la frustración de los niños, ya que en ocasiones suelen ser consecuencia de la misma. Últimamente parece que vivimos obsesionados con que los niños se tienen que frustrar y aprender que la vida es dura desde bien pequeños…

R. Los niños obviamente se frustran y no pasa nada. Otra cosa es que provoquemos esas frustraciones. El día a día ya tiene las frustraciones normales que un niño necesita para aprender. No obstante, siempre digo que se habla mucho de las frustraciones de los niños, pero no de las de los padres. Qué poca tolerancia tenemos a la frustración porque nuestro hijo de cuatro meses no duerme del tirón, o porque nuestro hijo no se ha acabado el plato de comida, o porque tenemos que insistir con los deberes. La poca tolerancia a la frustración es más de los padres que de los hijos, que tienen expectativas poco realistas acerca de la infancia.

El “tiempo de calidad”

P. Dentro de este maremágnum informativo también hemos oído numerosas veces una expresión que se ha convertido en dogma: el “tiempo de calidad” que dedicamos a nuestros hijos. ¿Es posible calidad sin cantidad?

R. Calidad y cantidad van de la mano. Es decir, los niños no necesitan que elijamos, sino que quieren bastante tiempo y de cuanta más calidad mejor. El problema es que esa “calidad” no tiene porque referirse a cosas extraordinarias. Yo ayer, por ejemplo, pasé una tarde muy buena con mis hijos. Estuvimos en el parque, hicimos la compra, preparamos la cena juntos, les bañamos… Es decir, cosas muy cotidianas que para ellos es tiempo de calidad porque les estamos prestando atención. Sí que es verdad, y las investigaciones así lo demuestran, que no basta con estar presente. Tú puedes estar cinco horas seguidas con tus hijos, pero si esas cinco horas estás desatendiéndoles, más pendiente del teléfono o de ver un partido de fútbol, pues esas horas sirven de poco.

P. ¿Por qué crees que se ha popularizado eso del “tiempo de calidad”?

R. Creo, y esto es una opinión personal y subjetiva, que es una especie de anestésico social. En un momento en el cual la conciliación es muy complicada necesitamos creer en ciertas ideas para no sentirnos culpables y para dejarnos llevar por la corriente, así que si tenemos a alguien que nos calma la conciencia diciendo que no pasa nada, que media horita de calidad es suficiente, pues en cierto modo nos alivia. Dile a tu jefe que solo vas a trabajar media hora, pero que va a ser de calidad, y a ver qué te dice…

P. La falta de presencia activa de los padres en la vida de los hijos, ¿puede tener consecuencias?

R. Los efectos dependerán de la edad, pero sí los hay, por supuesto. Los niños son totalmente dependientes de sus padres y les necesitan no solo para proveerles de cosas básicas, sino que también necesitan su afecto, su comprensión, su consejo. Privarles de esa presencia y esa implicación claro que tiene consecuencias, y así lo demuestran las investigaciones. Los niños necesitan a sus padres.

P. ¿De qué tipos de consecuencias hablamos?

R. Problemas a nivel emocional, de estado de ánimo, incluso de ansiedad. También de orientación, porque carecen de ella a nivel nutricional, de hábitos de vida saludables, académico… Son consecuencias respecto a su propio proyecto de vida, que van a tener que hacer más en solitario si los padres no tienen presencia. En casos extremos hablaríamos de negligencia, en las cuales los niños van donde quieren, comen lo que quieren, se relacionan con quien quieren, consumen lo que les da la gana. Todos tenemos el prototipo del niño desatendido en la infancia que luego no ha tomado las mejores decisiones en su vida.

P. ¿Dirías que la falta de tiempo es uno de los mayores problemas a los que se enfrentan los padres de hoy?

R. Hay un montón de problemas, pero el principal es el poder estar presentes en la vida de los hijos. No lo tenemos nada fácil a nivel laboral y social para poder estar con nuestros hijos. Cada vez vivimos en contextos urbanos más grandes, con periodos de desplazamiento mayores, jornadas laborales más intensas, salarios más bajos que nos obligan a trabajar a los dos miembros de la familia para poder salir hacia adelante… En esas circunstancias, poder mantener una relación estrecha, cálida y presente con nuestros hijos cada día es más difícil.

 

Le he dado un azote (o una torta) a mi hijo. ¿Cómo puedo arreglarlo?

31 Mar

VÍA El cerebro del niño

Para muchos padres esta escena es impensable. Afortunadamente, la ley prohibe cualquier tipo de castigo físico y cada vez tenemos más hogares 100% libres de reprimendas físicas. Sin embargo, mi correo electrónico tiene varias decenas de correos de madres y padres que vienen a decir algo así como….”Hace unos días no me pude contener y le di un tortazo a mi hijo. ¿Soy la peor madre/padre del mundo?”. Realmente creo que no. No escribo este post para que nadie se sienta recriminado sino para ayudar a los padres que se encuentran en esa situación y, sobre todo a sus hijos.

Posiblemente muchos de vosotros leeréis este post boquiabiertos pero doy muchas conferencias a lo largo del año y suele ser habitual que algún papá o mamá me pregunte qué ocurre si de vez en cuando le da un bofetón al niño. Siempre lo hacen de manera privada, al final de la conferencia, y es natural porque la mayoría de padres que alguna vez han soltado un azote o un bofetón lo llevan en secreto.

Es cierto sentido es un tema tabú y, de hecho, la mayoría de los blogs o libros educativos no abordan este tema. La mayoría se limitan a decir “No se debe pegar a los niños” y ofrecen alternativas a los gritos, pero no ofrecen estrategias para esos padres que en una ocasión dan un azote o tortazo al niño. He decidido escribir este post porque el hecho de que muchos padres quieran llevarlo en secreto no es razón para que los profesionales hagamos como si no ocurriera. La realidad es que ocurre. No cuando el niño es un bebé, sino cuando el niño es algo mayor. No te quepa duda de que le ha ocurrido a algún niño de clase de tus hijos, de que le ocurre a algún niño de tu vecindario, a alguno de tus sobrinos y, en muchos casos a algunos de los padres que leéis este blog.  Los azotes ocasionales no son patrimonio exclusivo de los entornos marginales sino que ocurren en todo tipo de familias y este tipo de preguntas me asaltan en escuelas públicas, privadas y concertadas, y son realizadas por papás y mamás con estudios y sin estudios y un nivel socioeconómico, medio, bajo y alto.  En este post os transmito algunas pautas básicas para saber cómo actuar si en algún momento un papá o mamá hace lo que ningún papá o mamá debería hacer.

1. Se consciente de lo que acabas de hacer. Un niño no es una silla contra la que podamos descargar nuestra ira e impotencia. Un niño es un ser humano de pleno derecho y como tal no puede ser agredido EN NINGÚN CASO.

2. Reflexiona sobre lo que hizo que perdieras los nervios. El comportamiento del niño no es la respuesta. Los niños hacen lo que hacen los niños y son muchos (la mayoría espero) que saben lidiar con estas situaciones sin agredir al niño. La verdadera razón por la que tu no lo consigues y ellos si, está en ti. En los conocimientos que tienes del desarrollo del niño y en las habilidades de que dispones. ¿Crees que un niño, por el hecho de ser más debil que tu puede ser golpeado para que aprenda? ¿Tienes expectativas irrealistas respecto a cómo se comportan los niños? ¿Estás demasiado cansado al finalizar el día para sobrellevar la frustración, los lloros? ¿Sabes cómo deberían actuar pero no tienes las habilidades y herramientas necesarias para lograr ayudarles a conseguirlo?

3. Bajo ningún concepto expliques al niño por qué lo golpeaste. Es relativamente frecuente que los padres digan…”Lo siento. Te he dado una torta porque te lo he repetido 3 veces y no me hacías caso”. Esta es una trampa muy peligrosa porque de alguna manera estamos justificando nuestra actuación. Nunca hay un fin que justifique la agresión, por lo que cualquier explicación sólo hará que tu hijo y tú entendáis que, de alguna manera, el tortazo o el azote estaba justificado. Muchos maltratadores utilizan el mecanismo de la excusa para justificar sus agresiones haciendo a la vez que la víctima se sienta merecedora de la agresión. No dejes que tus hijos sientan que merecen ser pegados.

4. Pide perdón con sinceridad y arrepentimiento. Como has visto en el apartado anterior no hay justificación. Así que si le pegaste, dile que lo sientes, reconoce que lo hiciste mal, pero no añadas ninguna razón. Asume que te equivocaste, pide un perdón sentido y explícale a tu hijo que no volverá a ocurrir. Así por lo menos el niño sabrá que no debe sentirse culpable de recibir el tortazo.

5. Se consciente de que el tortazo o el azote, realmente no tienen arreglo. No hay nada que puedas hacer que eche el tiempo atrás, o que haga que ese dolor desaparezca. Mis padres fueron buenos padres. No tengo duda de eso. Pero en tres ocasiones se les fue la mano. Una vez mi padre me dio un cachete cuando, sin fijarme y sin querer, pisé sus gafas y las rompí. Otra vez mi madre me dio un bofetón delante de un plato de espinacas y una más un día que tiré unas croquetas por la ventana del patio porque no me las quería comer (se quedaron pegadas en el cristal de la vecina). A día de hoy 30 y muchos años después tengo perfectamente grabadas esas tres bofetadas. Al igual que las que tu des a tus hijos, no se pueden deshacer ni arreglar. Se quedan grabados en nuestra memoria y en nuestro corazón.

6. Aprende de tu error y toma el compromiso de no volver a repetirlo. Resulta relativamente fácil pedir perdón, pero de poco sirve sentirse culpable si no tomas medidas para prevenir que pueda volver a ocurrir. Realmente el cerebro es capaz de aprender de los errores, pero para ello, debemos aprender a actuar de manera distinta a como lo hicimos. En este caso, lo más efectivo es aprender estrategias efectivas para educar sin perder los nervios.

7. Si ves que todo lo anterior no fue suficiente…pide ayuda. Distintos profesionales te pueden ayudar a manejar situaciones frustrantes con calma y autocontrol. Con frecuencia son los psicólogos infantiles los que reciben las demandas de los padres por el comportamiento de sus hijos y acaban haciendo una labor de educación de los padres para enseñarles estrategias efectivas para mejorar su manejo de situaciones difíciles.

 

Enseña a tus hijos … a no tomar azúcar

28 Mar

VÍA tueligesloquecomes.com


En el post de hoy os traigo una infografía y un vídeo para explicar las cifras máximas de azúcar que se podrían tomar (aunque lo ideal sería no tomar NADA) y concienciar sobre la gran cantidad de  productos hiperprocesados que lo contienen, además de poner a la vista técnicas habituales de la industria para conseguir más ventas disfrazando como saludables productos que no lo son y, también hay que decirlo, algunas prácticas nada saludables en muchas familias con respecto a los cumpleaños de sus hijos.

 

 

Así, en el vídeo os  intento explicar de manera muy gráfica el problema que tenemos con los azúcares libres que incluyen los monosacáridos y los disacáridos añadidos a los alimentos por los fabricantes, los cocineros o los consumidores, así como los azúcares presentes de forma natural en la miel, los jarabes, los jugos de fruta y los concentrados de jugo de fruta. Los azúcares libres se diferencian de los azúcares intrínsecos que se encuentran en las frutas y las verduras enteras frescas. Estas últimas frases están copiadas literalmente de este informe de la OMS.

En la infografía que he diseñado con muñequitos Playmobil (guardo en buen estado los de mis hijos) pongo las cifras que no deberíamos de rebasar (lo ideal sería cero en cualquier edad y condición) porque hay personas que piensan que son cifras recomendadas, como si fueran un mínimo, y no es así. Tampoco es cuestión de ponernos en el otro lado, como afirman algunos sitios webs y tachar al azúcar como un veneno porque no lo es; simplemente, es prescindible, y cuanto menos mejor; que no te vendan la moto aquellos que te dicen que es necesario para nuestro cerebro, que es combustible o energía rápida para poder tirar en el día a día o si tienes “un bajón”, entendiéndase como se quiera esa locución. A este respecto, os recomiendo un buen post de Oscar Picazo, aquí.

Los niños de 0 a 2 años no deberían tomar nada de azúcar y sal; y posteriormente, aunque no es en absoluto necesario, como nos quieren hacer creer, como he dicho antes, estaría bien no superar los 12-15g, esto es 3-4 terrones o cucharaditas. En este vídeo, muestro algunos de los productos, que disfrazados de “adaptados” para bebés y niños, llevan azúcares añadidos que no deberían llevar (en el caso de los dirigidos a lactantes) y otros, con demasiado azúcar, que se ofertan en grandes packs o con regalos o con envoltorios, que buscan de manera evidente atraer a los niños.

En el recorrido desde la época de bebé hasta la adolescencia, podemos comprobar al final del vídeo, cómo la industria del Big Food y del Big Soda busca el consumo irresponsable regalando sin control bebidas azucaradas en las cadenas de comida rápida,  y ofreciendo y publicitando con grandes inversiones (regalan unidades y lo promocionan en universidades) latas de bebidas energéticas con dosis elevadísimas de azúcar y cafeína, entre otras sustancias.

 

Unos estudiantes reivindican con esta producción la necesidad de potenciar la comunicación en persona

26 Mar

VÍA elpais.com

Maquillarte para sacarte una foto recién levantada, alardear de una bebida sana que en realidad no te gusta o publicar una instantánea junto a tu novio en un momento feliz con él, cuando no estáis ni hablando. Estas y otras escenas aparecen en este vídeo, que pretende denunciar el postureo excesivo al que llegan algunos usuarios de las redes sociales. La grabación ha sido producida por dos estudiantes mexicanos, Eddie Silva y Valeria Rodriguez, y el youtuber Lord Hendrick (Enrique Padilla), dentro de su proyecto Discover Monterrey. Según los autores, la iniciativa pretende concienciar a la juventud de que “no es tan importante un like” o “estar todo el tiempo en las redes sociales”, sino “potenciar la comunicación en persona”.

Ponencia de Alberto Soler: “¿De verdad hay niños buenos y malos?”

23 Mar

Alberto Soler, conocido psicólogo y bloguero, nos habló en su ponencia de la importancia de desterrar las etiquetas en la educación de nuestros hijos, porque las etiquetas son peligrosas y dejan poco margen de actuación a la persona que etiquetamos. Recordó que “los niños que etiquetamos como buenos son los fáciles de manejar en el día a día, y los malos los que cuesta más manejar. Y esto tiene mucho que ver con los problemas de conciliación” y subrayó que somos contradictorios porque, cuando nuestro niño sea adolescentes , ¿vamos a querer que sea muy fácil de manejar por su grupo de amigos, esos que se drogan y hacen cosas malas?”. Frente a las etiquetas, Alberto propone atender la conducta de manera específica y proporcionada y recuerda que a nuestros hijos “hay que animarles y no castigarles cuando hacen valer su voz”.

A %d blogueros les gusta esto: